Espeluznante tapa de
Clarín. Para cagarte el domingo desde bien temprano o para marcar agenda en el
almuerzo familiar en el country: una encuesta revelaría la proximidad de un
apocalipsis cacerolero y el seguro colapso definitivo y hecatombe final del “régimen
K”. Los números son tan contundentes que me siento en la más absoluta soledad y
apenas puedo reprimir el impulso de desconfiar de mi esposa, gritarle “¡traidora
a la causa!” y pedir el divorcio.

Reacciono a tiempo
recordando que “CLARIN MIENTE”, y me meto en la
net a leer el insidioso pasquín. “CLARIN MIENTE” no es sólo una consigna, me
digo, mientras refuerzo la hipótesis de la bajeza de la corporación mediática
recordando a la Sarlo insistiendo que el happening de Harvard no estuvo armado
y defendiendo a esos inocentes jóvenes preguntones. “Es al pedo”, me digo, si estos tipos son capaces de usar a una de
sus espadas intelectuales más solventes para sostener una mentira aún cuando los
actores ya se habían confesado como los
articuladores del ataque, cuando ya se le había puesto nombre, apellido y
pertenencia política a las caras que aparecieron por TV leyendo torpemente
preguntas que no habían escrito, cuando ya se sabía que fueron capaces de
llevarse puesto el prestigio de la Universidad con tal de montar un espectáculo
funcional a su juego. Que le puede hacer una mancha más al tigre.
Recuperada la
racionalidad, me pregunto si serían confiables los datos que sustentaban
semejante titular central.
A ver, encuesta de la prestigiosa
consultora Mamagement & Flit sobre 2259 casos distribuidos geográficamente “en la Ciudad de Buenos Aires, el centro,
NOA, NEA, Cuyo y Sur del país, una semana después del masivo cacerolazo en
Plaza de Mayo y otros puntos neurálgicos de los centros urbanos”. Una
respuesta fácil sería que es poco confiable aplicar a un universo de 40
millones un muestreo de 2259 casos, pero debiera haber algún argumento más
contundente para relativizar las conclusiones cataclísmicas.
Uno podría ser dudar de la
representatividad de los encuestados respecto a la composición del todo. Y
entonces me centro en este dato: de los 2259 consultados, el 15,2 %, esto es 343,368, manifestaron haber participado de la
movida cacerolera del 13-S. Evitemos en el análisis digresiones en torno al 0,632 de persona que falta o del
0,368 que sobra…
¿Cuántos salieron
realmente a la calle aquel día en todo el país? ¿80.000? ¿100.000? ¿estimamos,
desafiando al ridículo, 500.000? Si nosotros consideráramos que el muestreo es
representativo del todo, debiéramos colegir matemáticamente que la friolera de 6.098.240 personas salieron el 13-S a batir
cacerolas… Un absurdo absoluto. O los encuestados mienten salvajemente (por
esta alternativa se inclina la vocera de M&F) o la selección de los mismos
se realizó con un fuerte sesgo opositor, en cualquiera de ambas hipótesis se
desvanece cualquier pretensión de seriedad, representatividad u objetividad de
los resultados de la encuesta.
Mariel Fornoni, se
justifica e intenta explicar el desatino: “Esta
es la primera encuesta pos cacerolazo y revela que hay más gente que dice que
fue a las protestas que la que lo hizo realmente”, pero esta
argumentación no despeja para nada el sesgo de lso consultados, y, en todo caso ¿por qué sí creerle a “lagente” que dice que no fue porque no
pudo (19,4%) y a los que prometen que en la próxima sí se prenden (poco
menos del 50%, del que no se aclara a ni cómo se cuantifica “poco” ni si están
incluidos o no los que dieron las respuestas anteriores )?
La “sensación
de caceroleo” que se pretende traducir con las ambigüedades induce a pensar que
el 8-N reunirá algo así como 35,5 millones de indignados participantes y/o
adherentes y que el resto no asistirá porque se quedará a cocinar para recibir como héroes a los que sí fueron.
Es encomiable el esfuerzo
del diario en respaldar el prestigio y la supuesta objetividad de la
consultora: “una empresa que
habitualmente mide para distintos gobiernos provinciales”. Sin embargo, si
consultamos la página de M&F, el único cliente habitual con estas características que declara es,
casualmente, al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y muestra una encuesta
aislada realizada para el gobierno de Santa Fe… Respecto a la certidumbre y
exactitud que arrojan los métodos de la encuestadora, el cuadro siguiente muestra sus pronósticos para las Elecciones Primarias 2011: respecto a
Cristina, sobre la fecha, pronosticó un 20% menos del porcentaje que obtuvo.

Dos cositas más sobre los
títulos de las notas relacionadas. Santiago Fioriti hace lo suyo en “Encuesta nacional: Es masivo el apoyo a la protesta contra el Gobierno”, conocedor de que sus lectores son gente ocupada que no tiene tiempo de
introducirse en la lectura de las bajadas, de este modo presenta una realidad
bastante distinta: “más del 70%
aprueba esa forma de reclamo”,
es decir, ni el contenido de la protesta, ni sus consignas, ni su realización, lo
que se aprueba es el modo. Admitámoslo, si a mí me preguntaran si
prefiero que golpeen cacerolas en lugar de golpear puertas de cuarteles,
estaría incluido dentro de los que aprueban la metodología.
Otra sin firma:
“Se mantienen las perspectivas negativas en la economía”, respuesta a “Ud. cree que su situación económica/la situación
económica general mejorará o empeorará”, otra de esas preguntas que recogen la “sensación”
que los mismos monopolios siembran, que no se sustenta en ninguna apreciación
constatable y solo sirve a los propios medios para medir su grado de influencia
entre sus consumidores. En la bajada se verifica que la realidad es exactamente
inversa a lo que expresa el título: “En agosto, seis de cada diez opinaban que la
economía iría peor en los meses siguientes. En esta última medición, de finales
de septiembre, son algo más de cinco los que opinan así. Sobre la economía
personal, algo más de cuatro opinan que les irá mal. En agosto, eran cinco”. A groso modo, lo que revela la encuesta es casi un
20% de mejoría en las expectativas económicas, no al revés como sugiere el título
catástrofe.
La
cobertura no menciona quien encargó la encuesta, o mejor dicho, las encuestas
que hace mensualmente M&F. Alguna pista nos la podrían dar algunas
preguntas a las que no se hace referencia: sobre las restricciones a la compra
de dólares (a pesar que la cuestión ocupa el último lugar lejos entre las
preocupaciones de los encuestados); sobre el conflicto Clarín vs. Gobierno (en
ese orden); si como consecuencia de este conflicto se modificaron los hábitos
de consumo de los productos del grupo Clarín; si se lo mira a Larrata y se cree
que es objetivo; sobre la evolución (estudio diferenciada claramente del resto
de los políticos) de la imagen de Macri.
El
alma me volvió al cuerpo, la tapa de Clarín es otra farsa, otra de las tantas
manipulaciones de datos y operaciones políticas que reflejan su desesperación
frente a la proximidad del 7D. Preguntas que merecerían ser encuestadas son
¿hasta dónde va a llegar Clarín en su intento de esquivar el cumplimiento de la
Ley de Medios Audiovisuales y conservar su monopólico aparato ideológico?; ya
puso en juego su credibilidad periodística ¿está dispuesto a cargarse a
cualquier precio a este gobierno?