sábado, 6 de abril de 2013

Dólar Blue: la mulánima del S. XXI



Desde que “la Mula sin cabeza que hecha fuego por la nariz” paseara su fantasmagórica presencia por las estrelladas noches del campo argentino, sembrando el espanto entre la paisanada, ninguna aparición de los avernos resultó tan inexplicable a las luces del raciocinio como la nueva y horripilante leyenda urbana del “Dólar Blue” y su errática conducta.



Los que creen a pies juntillas en los mitos y leyendas populares, suelen explicar su existencia a partir de otro precedente ominoso: el uno a uno. Cuentan que en épocas de los albores de la segunda década infame, los brujos de la secta de Milton “el infalible” lanzaron sus conjuros para lograr que 10.000 Australes sean transformados en un Peso equivalente a su vez a Un Dólar. Pero no sin antes se devaluara abruptamente el austral: si en diciembre de 1990 con 5.590 de ellos comprabas un dólar, en enero del 91  necesitabas casi 9.500, generándose un generoso colchón. Maleficio llamado a la perdurabilidad mientras todo gaucho que poseyera un Peso y temiera que una nueva intervención infausta le hiciera perder de un mandoble un 50% de su valor, pudiera correr libremente al banco a cambiarlo por un dólar, operación cuyo éxito garantizaría el Banco Central, aunque a la sazón, resultara impotente para imprimir dólares.

A una década de culminado el lúgubre ciclo que los historiadores llamaran “de la convertibilidad”, seguía encendida en muchos la peregrina idea de que el monstruo estatal no justificaría su existencia  sino en la razón de satisfacer el ansia de posesión de dólares de aquel que quisiera atesorarlo, dando lugar el replicar de esta creencia a la resurrección y transfiguración del mito de la esencialidad cotidiana de la moneda imperialista.

Ante la indiscretas e impertinentes preguntas de ¿para qué lo quiere? Y ¿de dónde sacó la plata para comprarlo? la abominación cobra cuerpo y crece alimentada en las cuevas especulativas y sus heraldos apocalípticos (entre otra bocha heterogénea de interesados acólitos fundamentalistas), muchos de los cuales creen ver en su existencia el resorte propicio para la invocación de otro esperpento de pesadillas: la mega devaluación.  

En el seno de la cada vez más numerosa masa de refutadores del mito del artilugio monetario, y a la luz de los recientes hechos, han surgido diversas hipótesis que pretenden desarticular el mecanismo terrorista de los cultores del libremercado.

Entre las más lúcidas refutaciones, podríamos enumerar las siguientes:

De la negación de la propiedad transitiva: El mercado “blue” se avoca en exclusividad a la cotización de la moneda estadunidense. Según su ponderación U$S 1= $ 8,30 (hoy, maso). Ahora bien, todos parecemos de acuerdo que hoy $ 8,30 = € 1,24, sin embargo si alguien pretendería que por un dólar le pagues € 1,24, te le cagarías de risa en la cara sin solución de continuidad (cotización en cualquier parte del mundo U$S 1 = € 0,78).

Los cuadros siguientes muestran la variación de la cotización del dólar y del peso respecto a otras divisas, y entre sí, durante los últimos 90 días… una rara asimetría en los comportamientos ¿no?


De la puerilidad de la argumentación mediática: Ríos de tinta corren tratando de explicar el fenómeno, sin dar razón alguna ni de su existencia ni de los motivos de la ponderación del valor de la divisa, por lo que no se logra sortear la suposición de que no se trata de otra cosa que de maniobras desestabilizadoras, y de paso, nos “hacemo de un manguito” con especulaciones atadas al aprovechamiento de la evasión impositiva y del lavado de dinero, y, por qué no, de varios incautos psicopateados. Ahora bien, sostener que un dólar vale $ 8 y pico, implica denunciar que existe una devaluación no reconocida por el Estado Argentino. ¿Qué parámetros objetivos utilizar para apuntalar tal apreciación?  O, aunque sea, meter un poco de pánico entre la gilada. “The Nation” nos brinda aquí  un esmerado (aunque no por ello atinado) ejemplo de argumentación desplegado en medio de las noticias relacionadas a la escalada del “blue” a $ 8,75, la semana pasada:



Pueden imaginarse los comentarios de los lectores. Pero de lo que ninguno parece percatarse es que el cuadro (sin explicitarlo) está comparando, de manera absolutamente arbitraria, el valor en dólares de un billete $ 2.000 uruguayos o de  50.000 colones o de $ 1.000 mexicanos, con uno de $ 100 argentinos, para arribar a quien sabe que disparatada conclusión. Es como decir “que ácidos son los limones argentinos, más dulce son las naranjas paraguayas”. Ahora, si emitimos un billete de $ 100.000 ¿para “The Nation” le rompemo el orto a todos y semo lo campione del mundo?

De la contradicción de la ley fundamental de la oferta y la demanda: El miércoles 20 de marzo el dólar blue toca el techo de los $ 8,75 en un prodigioso salto (el 18 costaba 8,08), para desplomarse el día después en 30 ctvs. Del fenómeno Clarín nos brinda unapintoresca explicación (aunque no por ello original): Moreno metió la cola. “El dolar paralelo se vendió en torno a $ 8,45 hoy tras el salto de 48 centavos que experimentó ayer la divisa que venden las cuevas. Sin embargo no hubo casi operaciones. El mercado se mostró expectante. Los vendedores especulaban con una nueva suba y no se desprendían de sus billetes mientras que hubo pocos compradores dispuestos a hacerse de la divisa a ese valor… ” nos ilustraba Ieco. 

Ahora bien, desde Adam Smith para acá, según las reglas del mercado, cuando la oferta se contrae, los precios suben, acá resulta que nadie quiere vender y el precio de la divisa baja… También desde Adam Smith para acá, cuando los precios bajan, la demanda sube, pero acá resulta que nadie quiere comprar más barato lo que ayer pagaban más caro. Santas paradojas…

De la recurrente pifia de los vaticinios o de las bolas de cristal taiwanesas falladas: Baste recordar para sostener esta afirmación que el precio del dólar blue aún no alcanzó el nivel predicho a principios de 2002 para ese fin de año por Antonio Laje.  

Nadie predijo una escalada que lo llevara a 8,75 un miércoles, así como todos los agoreros se apuraron a vaticinar que “hay gente dispuesta a pagarlo 9 pesos” y que el alza “no tenía techo”. Sin embargo la euforia duró lo que un pedo en una tormenta y los días posteriores licuaron el valor obtenido. Quien compró a 8,75, en pocos días perdió 50 ctvs. por dólar y nadie que le avise que lo garcaron y mal.

Siempre hay giles que caen, y eso que estos repuntes de golpe y posteriores caídas abruptas, ya son un clásico que no parece responder a lógica económica o acontecimiento significativo alguno, sino mejor a una arbitrariedad manifiesta. Vean el primer cuadro…

De la ridícula teoría de la reacción ante la inflación esperada: Los medios nos advierten  que esta locura del dólar blue obedece a la “sensación de inflación futura” o “inflación esperada”. Algo así como que los “lagente” (que desconfía del Indec), vaya a saber por qué maravilloso procedimiento alquímico, es capaz de predecir el porcentaje de inflación venidero. Nada en eso tiene que ver la sistemática campaña de desprestigio sobre los índices oficiales que se perpetra desde los mismos medios que dan pabilo al dólar blue, ni que nos machaquen la cabeza con que Lavagna predijo el advenimiento de un nuevo “Rodrigazo”. Te lo explica Melconian: “En el fondo, el aumento del dólar es la contracara de la inflación. El uso del dólar y el aumento del dólar blue es la contracara de la salida del peso de la gente, que no tiene o no puede encontrar alternativas genuinas para el ahorro que compense la inflación”.

Ahora bien, se dijo  que entre la cotización del dólar oficial y la del blue llegó a existir  una brecha del 71%. Es decir que para prevenir la depreciación de tu plata frente a la inflación, llegaste a pagar $8,75 lo que en el mercado oficial valía $ 5,10.

Pero resulta que el tan promocionado “indice del Congreso” (que elabora Patricia Bullrich), estima la inflación anual/12 en el 25%  (los lobistas de la devaluación más ensañados pronostican una inflación anual del 30%, pero todas las mediciones indican números muy por debajo que en iguales meses del año pasado). Es decir que, aún en caso de que el delirio bullrichsta tuviera visos de seriedad, pagaste por anticipado casi 3 años de inflación, recién después de los cuales tu inversión tendría alguna utilidad como medio de preservar el valor de tu plata. También te puede suceder lo mismo que a los que lo compraron a $5 esperando que a fin de año (2002) valga 9 o 10, como dijo Laje, je,je!.

A menos que creamos que en la Argentina exista una manada de estúpidos capaces de dilapidar 12 palos diarios promedio tras semejante quimera, la explicación de la reacción  antiinflacionaria no convence.

De la más ridícula teoría de la reacción de los mercados ante la intervención estatal: Nuevamente las matemáticas más elementales vienen en auxilio del desprestigio de otra teoría. “The Nation”  pontifica, en un intento de explicar la trepada de la semana pasada: “El precio del dólar paralelo marcó ayer un nuevo récord, al cerrar para la venta a un promedio de $ 8,27, tras haber alcanzado un máximo de $ 8,30, un día después de que el Gobierno elevó del 15 al 20% el recargo que aplica a las compras con tarjetas de crédito en el exterior y decidiera además aplicarlo sobre la adquisición de pasajes o paquetes turísticos para salir del país”. ¿Clarísimo no? Frente a la inminencia del fin de semana larguísimo, el Gobierno adopta una medida que, de hecho, eleva el valor del dólar turista de $ 5,865 (5,10+15%) a $ 6,12 (5,10+20%). 

Sigue “The Nation” "Es sabido: más trabas existen, más se dispara el paralelo. No hay muchos negocios, pero los suficientes para marcar nuevos y más altos precios en un clima que lo favorece". Es decir que, la trepada del dólar blue se debió a que, frente al injusto intervencionismo estatal, el espíritu cacerlo-libertario de los vacacionistas argentinos, los hizo reaccionar y correr en desbocado tropel a pagar el dólar en el mercado negro a $ 8,75 en vez de abdicar de las convicciones y darle el gusto al estado de comprárselo (mediante el uso de la tarjeta de crédito y sin necesidad de pasar por el banco) a $ 6,12. ¡Briyante! Estos tipos se van al exterior, cuentan su apiolada, y después… cómo  no querés que en el mundo se nos caguen de risa.

De la impotencia del mercado blue: “Es que según los analistas, este mercado apenas mueve 30 millones de dólares diarios, por lo que vendiendo unos pocos dólares baratos se logra bajar la cotización” confiesa Ieco. 30 palos por día, bueno, en realidad, tanto como por día no, según podemos leer en los diarios motorizares del fenómeno, durante la semana pasada sólo hubo un volumen de operaciones semejante el martes y el miércoles… lunes, jueves y viernes, se habló solo de “operaciones marginales”. Incluso, según nos cuenta el suplemento económico el día 22 “lo único que consiguió hasta ahora es que no se concrete ninguna transacción”, es decir que la cotización del día no fue más que una mera especulación ¿técnica?

Se deduce entonces que el total de operaciones de la semana fue de alrededor de 60 palos, 12 por día. Esto representa alrededor del 5% del total de las operaciones del mercado legal de la divisa (no el 10 como se anda diciendo alegremente y sin base de certeza), por ahí se explica que al gobierno non frega un cazzo  intervenir en el nido de ratas por más que sus protagonistas clamen para que les enchufe algo de liquidez. 

Dado su carácter marginal y limitado (además de endémico, si cruzás al Uruguay, en cualquier casa de cambio  te dan uruguayos o dólares a la cotización oficial), es más bien nula que escasa su posibilidad de incidir en la economía real. Salvo, claro, que "elijas" creerle a Melconian, para quien "El dólar blue, más tarde o más temprano, termina en los precios de la góndola", en cuyo caso ¡apúrate a comprar góndolas, así el que sufre no sos vos…!



Continuará... con nuevas refutaciones, algunos recuerdos  y una teoría, los que podrán ser tildados de disparatados y tendenciosos, pero JAMAS DE MÁS disparatados y tendenciosos que los que elaboran La Nación, Clarín y la murga neoliberal.

lunes, 18 de marzo de 2013

Murió el otro Papa.




El Sumo Sacerdote de la diósesis argentina de la Secta Universal del Santo Neoliberalismo Globalizador ha dejado el plano terrenal. En el Partenón de los héroes del culto al poder obsceno de los mercados liberados, ubicado en la cúspide del Mont Pellerin, se le guardaba un sitial de privilegio, a la derecha de la trilogía sagrada del Dios Padre Milton Friedman, del Hijo John Williamson y del Espíritu Santo de Friedrich von Hayek.





La oligarquía llora su partida. Fue el último de sus baluartes genuinos, el más brillante representante de una casta en decadencia que sufre los estragos de la endogamia patricia. Otros podrán, desde su lucidez librecambista, aspirar a ocupar su sillón de semidivinidad capitalista, pero pocos,  acaso ninguno de los “papables”, pueden lucir la gloria de una tan larga y prestigiosa prosapia que nutre sus raíces en los albores mismos del nacimiento de la patria agro-financiera.


Otros (como el suscripto), carecemos de la piedad necesaria como para lamentar que su partida se produzca antes de que un Juez certifique sus crímenes en una sentencia de condena. Seguramente habrá quienes suspirarán aliviados por el mismo motivo.


Su epitafio dirá: “Aquí yace el gran destructor de un país. Jamás nadie logró que tantos genocidas concurrieran felices a prestar sus servicios a la causa del libre mercado”.


Dios lo tenga eternamente en su guampa’e mear.







sábado, 16 de marzo de 2013

Habemus Papa argentus! (¿y qué?)




Si algo hay que reconocer al nuevo Pontífice, es su temprana aptitud para transformar una crisis en oportunidad. Si desde la administración del Vaticano se tomaron los recaudos pertinentes, su mera elección habría solucionado un de los problemas más acuciantes de la grey católica: sus deficitarias finanzas caídas en desgracia al ritmo de la eurocrisis y de los juicios por pedofilia. Es que en los tugurios virtuales donde se realizaban apuestas sobre las posibilidades de los papables ¡Bergoglio pagaba hasta 40 a 1!. 



“Seguramente” esta circunstancia no habrá tenido ninguna incidencia en la elección, pero habría dado pingües ganancias a las alicaídas arcas de los herederos de Pedro… una papita, papá!. 

También podría levantarse apuestas sobre las razones que lo motivaron a adoptar el nombre de Francisco. Esperanzados con la impronta que la denominación aspire a imprimirle al papado, muchos (entre ellos nuestra presidenta) se ilusionan con la referencia a San Francisco de Asis… psé… Pizarro, Drake, Franco, Macri (padre), De Narvaez, también se llaman Francisco y no por ello inspiran ninguna sacra virtud. 

Con afán de impugnar mi libre asociación, me dirán que los Papas escogen nombre de entre los Santos o  de sus sucesores. Recojo el guante y traigo al ruedo otro candidato capaz de despertar mayores (y peores) suspicacias: San Francisco Solano, a la sazón, tan Jesuita como Bergoglio. Aparte de su peculiar idea de predicar en garitos (casas de juegos, je!) y todo tipo de tugurio durante su residencia en Lima, su ánimo de cazar almas irredentas y su habilidad con el violín, antes le habían permitido introducirse en territorios inexploradas y contribuir afablemente a la causa de la conquista, seduciendo pacíficamente miles de aborígenes que a posteriori fueron convenientemente despojados de sus tierras y reducidos a mitas y encomiendas para su mejor y más cómoda explotación por parte del amo hispano. Si que te sometan es feo, que lo hagan entrándote por el lado amable y musical es más jodido (vieron que tipo dado y simpático que parece ser Bergoglio?). Asociaciones estas, si se me permite, más atinadas para estas épocas en las que tanto indio/a mal arriado/a anda gobernando estas santas tierras, desoyendo la voz sabia de la civilización occidental y cristiana. 

Me dirán que “pero si es argentino/latinoamericano”… ¿Y? justamente,  es más preocupante. Cuando el capitalismo decidió  dar la batalla final para conquistar el mundo tras la “cortina de hierro”, no convocó a sus generales, ni envió a los tanques de la OTAN, nada de eso… logró que designaran Papa a un polaco anticomunista. 

Ya asomarían los LechWalessables.

Lejos, muy lejos estamos con Bergoglio, de la opción preferencial por los pobres. Quien lo ungió Cardenal (al igual que a casi dos tercios de los restantes Cardenales que votaron en el Conclave) fue el mismo que puso todo su esmero en desarticular todo vestigio de renovación, compromiso social y con la liberación de los pueblos que a la Iglesia Católica le insuflaran Juan XXIII, Pablo VI, el Concilio Vaticano II, o los documentos como Medellín y Puebla. La imagen de los curas tercermundistas revelados contra el poder opresor fue hace rato sustituida por la de líderes carismáticos más afectos a festejar su cumpleaños en la Casa Blanca y dar homilías a oligarcas levantiscos, que a recibir  madres dolientes pidiendo por sus hijos y nietos desaparecidos.

La Iglesia Católica gusta jugar con las apariencias, es gran maestra de ello desde los albores de su historia. Gusta de contar con orgullo historias tales como que el aspirante a emperador Constantino vio en el cielo el símbolo que la identificaba, y que después el propio Jesús se le apareció en sueños ordenándole usar ese símbolo para lograr la victoria en Puente Milvio.  

"in hoc signo vinces" o ¡Viva Peron, Carajo!
 
Siempre estrepitosas irrupciones celestiales son preferibles a confesar la trama de intrigas palaciegas que les permitió a los herederos de Pedro transformarse en pocos años de una secta perseguida y desposeída en la religión oficial del Imperio (Romano y del que a futuro cuadrara), enriquecida y perseguidora implacable y feroz de los creyentes en otras divinidades… y de sus propios disidentes.  

Será por conocedor de ese ilusionismo patrístico que no me ha sido concedida la gracia de festejar el avenimiento del Papa Argentino,  o quizás sea porque no logro diferenciar el acontecimiento de la hipotética designación de un compatriota como CEO global de la Coca Cola Inc.

Por lo que sea, así como “Mauricio es Macri”, para mí ese señor amable y simpático que deslumbró´ a las mojadas multitudes en la Plaza San Pedro en la tarde noche un 13 de marzo de 2013, arengándolos amablemente en un impecable cocoliche y presentándose como un tal Francisco, seguirá siendo Jorge Bergoglio. Un cura que mintió ante un Juez cuando dijo nada saber sobre las apropiaciones de bebés durante la dictadura, un pastor del que ninguna acción se le conoce en pos de defender a su rebaño de las desapariciones, un padre impasible frente a los abusos que sufrieron sus hijos pequeños, un jerarca que no hizo tronar ningún escarmiento contra los violadores de derechos humanos, alguien de quien vi fotos dando la eucaristía a genocidas, pero escuché negárselas a quienes pretenden vivir el amor de manera distinta a la que dictan los autócratas purpurados. 

En fin… quizás tras la piel de cordero de sus modos amables y entradores, y de su cacareada austeridad, en realidad se oculte un perfecto Papa. 

Y la razón real de adoptar ese nombre, la develarán los años.