sábado, 13 de abril de 2013

El imperio de lo burdo.




Miro con preocupación la paupérrima perfomance mediático-opositora, su deslucido lenguaje lindante a la chabacanería, sus análisis superfluos carentes de contexto, sus entrevistas amañadas que suelen ser puestas en evidencia hasta por reporteados insospechados de algún sesgo K, la puerilidad insustancial de sus denuncias, la recurrente práctica de sustituir sin previo aviso la información por opinión, la burda tergiversación de los hechos y el fracaso sistemático de sus pronósticos apocalípticos. 


Rodrigo René Cura -


Sarta amarillista de ingredientes que devela el carácter faccioso de los emisores, por  más que pretenda cubrírselos con  aparentes propósitos periodísticos, disimulárselos con el “volumen de juego”  que representa la capacidad de auto-replicarse “ad infinitum”  y apañárselos bajo el generoso tapiz de la libertad de expresión.


El imperio de la manipulación y la tergiversación burda es el nuevo estadio al que ha accedido la empresa periodística, en ese espiral en que se ha comprometido desde que abandonó su razón primigenia de ser: la descripción de la actualidad. 


La lógica de la distribución de la información fue vilmente reemplazada por la de la propaganda mercantil. Los viejos y perfectamente delimitados espacios publicitarios fueron colonizando las redacciones hasta sus últimos rincones,  hoy no se distingue la noticia de la venta de jabón, ni de la construcción de un artificioso e intencionado malestar social.


Así, los desprevenidos lectores, radioescuchas, televidentes, cibernautas, adictos a visitar los tugurios predispuestos a tal fin, caen fácilmente en una ominosa incapacidad de discernir lo ficto de lo real. Serán proclives a llenar foros durante semanas con opiniones si es atinado o  no que la presidenta afirme que la diabetes es una enfermedad de ricos, pero jamás sabrán que lo dijo en el ámbito del lanzamiento de un plan estratégico de desarrollo científico (hecho inédito en la Argentina), promocionando un producto autóctono susceptible de ser exportable a los países ricos (quienes, estadísticamente, más sufren la enfermedad).  Serán capaces de digerir que declarar la utilidad pública y garantizar la distribución igualitaria del papel de diario, no es una medida destinada a satisfacer las necesidades de miles de pequeños medios de prensa, sino una triquiñuela autoritaria destinada a acallar la libre expresión de los apropiadores de Papel Prensa durante la Dictadura. Pondrán sus desvelos en demostrar que es más importante la certeza axiomática de que “TN puede desaparecer”, a desmonopolizar el espacio audiovisual de modo que se garantice la multiplicidad de voces a las que se puede tener acceso. Se doctorarán en la inaccequible ciencia de argumentar con idéntica solidez que la justicia es corrupta y dependiente del poder político, y en contra que se inicien “arremetidas” contra un poder “supra-legislativo” que no se cansa de emitir fallos que obstaculizan la acción de Gobierno, en desmedro de la República y violentando los más elementales principios del Derecho. Criticarán enfáticamente las políticas energéticas cuando lleguen a la estación de servicio carente de gasoil y naftas baratas, pero seguirán creyendo, pese a acceder a llenar el tanque, que el nefasto acto de piratería que privó a Repsol de sus acciones en YPF (y a Bonelli de jugosos ingresos) nos aislará aún más del mundo. Serán capaces de envolverse en el pabellón británico para festejar el resultado del plebiscito kelper, si eso  obstaculiza el intento kirchnerista  de devolver las Malvinas a la Nación, e incluso poner la foto del Juez Griessa en el santuario familiar, si su fallo garantiza que no se podrá seguir de financiando vagos que se reproducen para cobrar la asignación universal por hijo vacunado, escolarizado y con netbook.


En síntesis, los sujetos sometidos al tratamiento domesticador multimediático faccioso, perderán toda aptitud de diferenciar cualitativamente a “El Gobierno” (cualquiera, según las circunstancias) de la banda del Gordo Valor.


“El público” parece dispuesto a emprender un sucesivo, lento pero constante  éxodo de esos cotos de caza que se denominan “audiencia cautiva”. Circunstancia no solo demostrable por la caída de ventas constantes de los diarios impresos y por  la escasez de puntos de rating atribuidas a los productos cuasi-periodísticos que representan las “naves insignias” de las armadas multimediáticas, sino también por las veladas confesiones de los propios interesados expresadas en recurrentes pataleos histéricos por la pérdida de anunciantes y en bartoleras atribuciones de la culpa de su desgracia. 


La comodidad que implicaba la confianza en una línea editorial para lograr formarse un cuadro serio del estado de cosas, hubo de ser reemplazada por la búsqueda de una verdad por decantación y promedio, abocándonos a la ímproba tarea de cotejar distintas fuentes y opiniones y escudriñar en el pasado histórico en la búsqueda de razones y consecuencias. ¿Qué sentido tiene entonces la tarea periodística, si obliga a los destinatarios que se pretenden acólitos de la objetividad a insumir su tiempo en una tarea propia de aquella profesión?


El camino del replanteo de sus políticas comunicacionales, la autocrítica edificante, la revalorización de la ética, no parecen alternativas válidas para superar la esperable consecuencia de pérdida de credibilidad por elegir fogonear el resentimiento de grupúsculos, agitar resabios de gorilidad cerril, y amparar intereses inconfesables de corporaciones que solventan su existir, en vez de ejercer el sano oficio de informar y opinar, lo que quieran, pero “a cara descubierta”. Antes que ello les es preferible la victimización, cual jugador mañoso que, para eludir la amonestación, finge una lesión producido por el “choque” con el rival al que le propinara una artera patada desde atrás.





jueves, 11 de abril de 2013

Los brujos piensan en volver.




A mediados  del próximo mes, se cumplen 30 años del último gran acto de encubrimiento mediático a crímenes de la dictadura. El secuestro, tortura y asesinato de Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereyra Rossi son informados por Clarín bajo la eufemística e interesada forma de  las consecuencias de un “enfrentamiento” de dos subversivos montoneros con fuerzas policiales (capitaneadas por Luis Abelardo Patti). Años de estigmatización lograban que la noticia fuera fácilmente digerida, aceptada y justificada por  “la gente”, en los términos que había sido expresada, sin cuestionamientos ni interrogantes.
 



Desde 1975 se venían reproduciendo en los diarios, acríticamente, comunicados que ocultaban fusilamientos y ejecuciones sumarias, bajo la forma de “enfrentamientos”, extraños enfrentamientos donde las bajas pertenecían siempre al mismo lado de la contienda.


Por parte de las empresas periodísticas, se esgrime como flaco argumento absolutorio, una especie de “obediencia debida” a los partes de guerra oficiales, una especie de miopía inducida por el clima general del país. Hasta sonaría razonable si no ilustrarían las crónicas de época tantas fotos que muestran sonrientes a los herederos de Mitre  y a Ernestina Herrera, compartiendo actos con altos uniformados donde se los premia con beneficios suculentos en desmedro de las arcas del Estado.


Los falsos “enfrentamientos” contribuyeron para crear el clima pre-golpista, para justificar la represión, para disimular el genocidio. 


Ahora, como antes, donde cualquier ojo puede ver  la agresión de una patota a un grupo de jóvenes limpiando una escuela, Clarín y La Nación distribuyen la versión del “enfrentamiento a palos” por la disputa de elementos para ser distribuidos como ayuda social. Más allá de las distintas consecuencias, gravedad y connotaciones, para esos mismos medios, la Masacre de Ezeiza, también fue un “enfrentamiento”.


Si se tratara de un hecho aislado, no escribiría este post, pero no puedo dejar de asociar la cobertura de ese acontecimiento, con la forma sesgada en que se relató la violenta irrupción del PO en Plaza de Mayo el pasado 24, ni tampoco puedo deslindarlo de la absurda (y elaborada) acusación  de tenencia de armas por parte de la Cámpora, lanzada hace tiempo por Carrio, reeditada por el otro inimputable de Castells y difundida concienzudamente hasta el hartazgo por los medios hegemónicos. 


La estigmatización de sectores, políticos o no, en la historia siempre fue el preludio de su exterminio,  o al menos reflejó un manifiesto  pero impotente deseo en ese sentido sublimado en una intención socialmente disciplinadora (el supuesto enfrentamiento donde fueron asesinados Cambiasso y Pereira Rossi, fue vendido como un síntoma de “rebrote subversivo” que pretendió condicionar la salida democrática). 


En el 2002, la masiva movilización piquetera que se organizaba para el 26/6, fue antecedida por una fuerte campaña mediática de estigmatización del reclamo y de los reclamantes. Recuerdo vívidamente haber visto pasearse por los canales de TV a un ex comisario explicando el uso de las “tumberas” piqueteras, especie de escopeta casera con la que se decía estarían armados. De antemano, se fue entrenando las mentes a la fácil aceptación del futuro “enfrentamiento” y para la digestión del título de tapa “la crisis causó dos nuevas muertes” con la que se pensaba cerrar el episodio represivo, en una armoniosa maniobra de pinzas articulada (otra vez) entre dos manifestaciones del poder  (el político policial y el económico mediático). 



Por supuesto que soy consciente de las diferentes consecuencias que arrojaron los hechos que menciono. Las consecuencias luctuosas de unos los diferencian de manera dramática, en razón del mecanismo de ejecución de la punición al estigmatizado, con una apaleadura a los compañeros de la Cámpora, así como con la agresión a un “periodista militante” que cubre una caceroleada, o con una puteada en Buquebus a un funcionario joven, camporista, “judio y oriundo del marxismo”, o con el mero “amedrentamiento” al que, según un fiscal Blanc, fueron sometidos agentes de la AFIP. Pero cuando ponemos la lupa sobre el mecanismo mediático de provocación de reacción social respecto a los acontecimientos, las distancias se acortan y el peligro de banalización de la tragedia se diluye: el justificativo universal del “algo habrá hecho” se perfila con nitidez, pero esta vez no hay dictadura ni partes de guerra tras los que ocultar la intencionalidad propia.



domingo, 7 de abril de 2013

Parte 2 de "Dolar blue: la mulanima del S.XXI"


Viene de "Dolar blue: la mulanima del S.XXI"





De la inexistencia de presupuestos o ¡Te están garcando!: la cotización del dólar blue, al parecer, resulta de un cóctel de acción psicológica + especulación financiera que permite que algunos que tienen la capacidad de introducir divisas al país (p.ej. exportadores de granos que no declaran sus ventas y necesitan $ para pagar sueldos en negro) o adquirirlas en el mercado regular, hagan pingües ganancias a costillas de incautos psicopateados por las fábulas mediáticas y de otros que no pueden justificar ingresos para comprarlos en el mercado legal, bajo el lema “el que garca al garcador, tiene 100 años de perdón”. Todo unido a un Estado que (imposibilitado por definición de emitir la moneda extranjera en cuestión), se encuentra plausiblemente obcecado en considerar que mejor destino para los dólares que se obtienen en el intercambio comercial internacional, son la constitución de reservas, la atención de las obligaciones externas y el pago de bienes y servicios cuya importación es imprescindible. 

De ser así, si consideráramos que la monstruosidad debiera ser atendida, no correspondería la avocación de los economistas y funcionarios, sino más bien de los organismos de fiscalización y recaudación impositiva, de la sección delitos complejos de los organismos de seguridad y/o por el fuero penal-económico. Es más, sería más atinado que se ocuparan de los movimientos de este mercado, las páginas de policiales que las de política o economía. Así, mal pensados como el suscripto dejarían de creer que las editoriales mediáticas están interesadas en sostener, fomentar y sobredimensionar la ilegalidad, configurando a la patria periodística en instigadora de una tentativa de desestabilizar la economía real. 

Incluso llegan a creer los afectos a pensar feo, que notas como esta de “The Nation”, más que ser considerarlas una especulación carente de objetividad, merecerían ser leídas como un panfleto autobombístico del supuesto primer logro ostensible de la campaña de promoción del dólar blue: “Por la escalada que el billete tuvo la semana pasada, volvieron a hacerse sentir los retiros de dólares de los bancos y se redujo fuertemente la tasa de expansión que venían mostrando los plazos fijos privados en pesos… El explosivo despegue que mostró el dólar paralelo durante la semana pasada, cuando avanzó 70 centavos en apenas tres ruedas para marcar un nuevo máximo de $ 8,75, no sólo dio un impulso renovado a la fuga de depósitos en dólares del sistema financiero local, sino que, además, redujo a la mitad el ritmo de expansión que venían mostrando los plazos fijos privados en pesos en las semanas previas a la "crisis del blue". 

Como notarán, se atribuye un efecto devastador (y un carácter tendencial) a una maniobra alcista que solo pudo ser sostenida un día (detalle cuya responsabilidad se le carga a las “amenazas de Moreno”, recurrente argumento invocado ante cualquier intento fallido de distorsionar un mercado), omitiéndose que desde entonces el blue no logró recuperar esa cotización e incluso que los períodos de tiempo sujetos a análisis para relacionar ambos eventos, son bien disímiles un día contra un mes que se extiende antes y después de ese día. Más que sostener que llueve porque las ranas croan (invirtiendo la relación causa efecto), es como afirmar que la lluvia se produce como consecuencia de los truenos (atribuyendo a dos fenómenos coetáneos  una relación de causalidad inexistente).

Confesiones de parte. La ya citada expresión de deseos de Melconian (en un momento en que el Estado y supermercadistas agudizan su ingenio para detener la inflación) o las baterías de especulaciones que despliegan medios supuestamente especializados como iprofesinal bajo la forma de rumores y trascendidos, no parecen tener otro objeto que avivar un avispero para que algunos logren hacer su agosto sobre el temor que genera la hipótesis de una megadevaluacion. 

Y los “especialistas” te pegan porque bogas y porque no bogas… se agitan las críticas, especulaciones y temores porque el Estado no interviene en el mercado, coetáneamente con  las críticas porque el estado pierde reservas interviniendo en el mercado. Si no interviene “habrá devaluación por la presión del dólar blue”, si interviene “habrá devaluación por la pérdida de respaldo de la base monetaria”… el apocalipsis kirchnerista es inevitable…

Lo que los consumidores del Mito parecen ignorar, es que el fenómeno representa el enésimo intento de sacar de órbita algún resorte sensible de la economía. Y que todos los anteriores fracasaron estrepitosamente en perjuicio de los incautos que se sumaron al juego, tratando de recoger las migas de un banquete ajeno. ¿Qué clase de mercado promisorio y confiable es aquel que puede ser desinflado durante una semana con cuatro gritos de un funcionario de segunda línea? ¿Quién le garantiza al tenedor de dólar blue, en el corto plazo, una devaluación del 70% como para que el precio que se pagó hace 10 días represente al menos salir derecho con su inversión? ¿Qué trasnochado puede creer un dibujo que perfile a la economía actual en peores condiciones que 2001? Si de eludir controles se trata ¿por qué estaría alguien dispuesto a pagar el dólar a $ 9 como se dijo desde las usinas propagandísticas, cuando basta cruzarse al Uruguay y matizar el finde con compras de hasta U$S 500 por extracción con tarjeta de crédito a $ 5,10, encima a pagar el mes que viene?

No es cuestión de desconocer la continua conducta alcista, pero no deja de ser cierto que, cada vez que se produjo una estampida de la cotización, no se produjo la cacareada devaluación ni una estampida inflacionaria,  y sobrevino en cambio una caída estruendosa del dólar blue. Tardaron “los inversores” varios meses en recuperar el valor perdido y se licuó de esa manera la rentabilidad extraordinaria y fácil pretendida. Los que liquidaron sus divisas negras en la cima, rezaban un responso por las crédulas víctimas de la operación, mientras los diarios culpaban a Moreno de su desgracia.  

Una suspicacia más frente a la “arremetida devaluadora”, para quien quiera ver las manos de los nostálgicos neoliberales tras la manipulación del dólar blue: durante el año 1990, el dólar fluctuaba alrededor de los A 5.500 de manera bastante estable. Previo a la convertibilidad (1/4/91) se lo sobrecotiza de un mes a otro (dic/90 - ene/91) en A 9500, estabilizándole gracias a semejante colchón durante los 3 meses previos al inicio del período del 1 a 1 (1/4/91). Probablemente esa artificiosa devaluación sea una de las causas por la que la simulación durara 10 años (desde que en 2002 se abrió la cotización del dólar a las fluctuaciones del “mercado”, la depreciación oficial del peso respecto al dólar es prácticamente igual porcentualmente a la de los 3 meses previos a la convertibilidad). Que el valor oficial del peso respecto al dólar caiga a la mitad, parece ser el objetivo buscado denodadamente por el circo del dólar blue, y podría ser tomado como una señal divina para retomar la senda que se inició en los 90. Arbitraria conjetura si las hay…