Y el lunes veremos...
sábado, 26 de octubre de 2013
viernes, 25 de octubre de 2013
La excusa del violador.
“Las víctimas y los destrozos materiales, inmolados en aras de un irrenunciable anhelo de libertad, quedaron como un elocuente testimonio de los horrores en que desembocan los oscuros caminos de la tiranía… el pueblo, el pueblo sufrido y laborioso comprendió que había sido engañado, comprendió que mediante una maniobra incalificable aquella mañana del 16 de junio había sido convocado a una cita con la muerte”. Con tal indecencia el devenido oficialismo de la Revolución Libertadora achacaba las consecuencias del bombardeo a Plaza de Mayo al depuesto presidente electo democráticamente Juan Domingo Perón.
El problema no residía en arrojar bombas con cobarde alevosía sobre las masas indefensas, la maldad residía en no ceder a la impune soberbia del poder real, en no aceptar un ultimátum destituyente, y en convocar a la defensa de la institucionalidad democrática y de los logros populares arrancados a la oligarquía. La mayoría de los Tribunales que juzgan a un violador, suelen escucharlo decir en su defensa que la víctima los provocó. La misma impudicia suele ser el argumento que esgrimen los que defienden la inmutabilidad del status quo.
Cuando Henrique Capriles supo que, nuevamente, había sido derrotado en las urnas, desató las hordas restauradoras de privilegios que se empeñaron en destruir locales partidarios, centros asistenciales, misiones, y se cargaron a varios de sus conciudadanos chavistas. Tuvimos la oportunidad de escuchar de la boca de Hermes Binner el mismo argumento estigmatizador y culpabilizador de las víctimas y a los principios y razones que ellas defienden. “Las muertes en Venezuela son consecuencias de estos populismos”, dijo, eludiendo toda referencia a los autores materiales e intelectuales de la barbarie. Así, del mismo modo en que a los dictadores setentistas gustaba señalar a los muertos, torturados y desaparecidos como los responsables de su propia desgracia y de la propia dictadura. Cinismo en estado puro revivido en debate televisivo por Elisa Carrió, “yo no digo que vos seas delincuente como tus padres” es, creo, la traducción más exacta de lo que le disparó a Juan Cabandié (ya nadie lo recuerda, pero pasó realmente, antes de que se muestren videos editados en cadena nacional privada, y se los repitiera eternamente, como criticando por elevación la equivocada e indulgente buonomía de Lilita).
Pasaron otras cosas, en el interín, de las que pocos saben, tiroteos a locales del FPV, incendios a locales del FPV, apaleaduras varias a militantes del FPV, muerto en Munro y dos en Lobería (casualmente del FPV), helicópteros caídos y trenes con instintos suicidas, que seguramente, nada tienen que ver con lo que escribo. Nada de eso mereció grandes titulares, ni fue objeto de suspicacia alguna de los defensores de la república.
Quizás fue el exceso logró despertarlos. La desmesura de atentar contra un candidato (a la sazón, aliada del FPV) parece haber movido el amperímetro lo suficiente como para que se sientan exigidos de emitir opinión. Pero lo que el fiscal interviniente ha calificado como “homicidio doloso en grado de tentativa” en una “emboscada” a Milagro Sala que se tradujo en dos heridos (militantes de la Tupac Amaru, organización integrante de Unidos y Organizados del FPV), para el vocero del radicalismo Gerardo Morales, "Milagro Sala es responsable del clima de violencia...", igual que Perón del bombardeo del ’55, igual que el chavismo de los muertos e incendios en Venezuela.
Por suerte Joaquin Morales Solá pone desde La Nación argumentos contundentes para que no caigamos en suponer que el otro Morales es, como se dice popularmente, un reverendo hijo de mil putas (sin ofender… no hay modo): “Milagro Sala es una mujer violenta. Su organización, la Túpac Amaru, también lo es. ¿Querían realmente matarla a ella, como dijo su abogado (en realidad, también lo dijo el fiscal) … El senador radical deslizó otra información significativa: aseguró que varios candidatos de Sala, que competirán el próximo domingo, están vinculados con el microtráfico de drogas". Bueno… si es así… entonces no es tan grave, sobre todo si seguimos leyendo y nos encontramos con que estamos hablando de “una dirigente a la que le cuesta establecer el límite entre la disidencia pacífica y la violencia concisa”.
Es bueno recordar que, después del bombardeo de Plaza de Mayo en junio y de la destitución de Perón en septiembre del ’55, “se acabó la leche de la clemencia” como bien advirtiera el socialista Américo Ghioldi. Que ningún kirchnerista se haga el chancho rengo, o cometa el error de razonar tarde sobre su suerte como en el poema de Martin Niemöller que popularizara Bertolt Brecht, no es cierto que vengan por los corruptos, los violentos, por los ineficientes, por los ladrones, por los obsecuentes o porque no sé quien más. Esos son los primeros aspirantes a la conversión. No vienen por los malos nuestros, como siempre, vienen por lo mejor de nosotros, que es lo que temen y odian. Vienen por los que nos hicieron militar, agitar banderas, marchar, escribir paredes, pintar, bloguear, facebukear, twitear, convencer convencidos de que dábamos vuelta una página de la historia. Vienen por la política que construye y distribuye, que hace crecer y creer; no por aquellos se colgaron en esta, en la anterior y que se colgarán de la próxima.
Que ningún convencido abrigue la esperanza de que será considerado (como en el discurso del bombardeo) en el lugar de aquellos soldados de “Semejante a la Noche” de Carpentier, pobres ignorantes que fueron llevados engañados tras una quimera. Los mecanismos del odio y de la estigmatización están engrasados y son implacables, nadie se va a tomar la difícil tarea de desmontarlos.
Después de todo, para el violador y para quienes lo aplauden, siempre la víctima "algo habrá hecho" para merecer su suerte.
domingo, 20 de octubre de 2013
El cielo de los comunistas.
Existe en el Paraíso la parcela de los comunistas, de propiedad colectiva. A ella acceden los buenos y coherentes seguidores de las enseñanzas de Marx y de Engels, sus apóstoles y universales mártires. No es un espacio ni puramente espiritual, ni inmutable, es materialista y dialéctico, vivo y transformador.
A él se accede, como a todas las secciones del Paraíso, a través del luminoso pórtico rococó. San Pedro da la bienvenida a los recién llegados con el puño alzado, los llama camarada y les indica el sendero por el que deben transitar. Por su larga experiencia en el desempeño del puesto, es conocedor de la desconfianza que en los comunistas despierta los asuntos divinos, por eso les recuerda su condición terrena de proletario y de mártir de una causa traicionada por los reformistas, burócratas conciliacionistas con el Imperio (Romano). En seguida, exhibe una certificación de tal extendida por Lenin. Después que muestran el carnet, les entrega la prensa del Partido Comunista Celestial, el programa de movilizaciones, congresos, autocríticas y actos relámpagos de la semana, y los despide con un fuerte abrazo.
La entrada de la sección correspondiente, contrasta fuertemente con el acceso principal. Remodelada hace poco, denota la influencia estilística del recientemente llegado Oscar Niemeyer, sorprendentemente combinado con las severas líneas del clasicismo socialista. En el frontispicio se lee "quien entre aquí, recupere toda utopía - Zona Liberada". El sendero por el que se transita en su interior, se encuentra hermosamente flanqueado por murales de Diego Rivera y Frida Khalo, Portinarí, Picasso y Siqueiros y reproducciones perfectas de insignes cultores del realismo soviético perfectamente reconocibles para quien pudo ver las viejas estaciones del subte de Moscú. Más allá, en el campo, los koljoses y las cooperativas desbordan productividad eterna, igual que las zafras de caña y las recolecciones de café realizadas por empeñosas brigadas internacionalistas.
En el Paraíso comunista la brisa no susurra, recita poemas de Pablo Neruda, de Mario Benedetti, de Roque Dalton, de Nicolás Guillen, de Miguel Hernández, … y canta con la voz de los Parra, de la Negra Sosa, de Edith Piaf y de los coros de niños bolcheviques que despedían al glorioso Ejercito Rojo al son de “La Internacional”. También se escucha el “Jarama Song”, “El Quinto Regimiento”, y motivantes marchas partisanas que difícilmente se repiten… es que hay tantas...
Al fondo del Paraíso de los Comunistas (justo detrás del Palacio de los Soviets, una especie de Walhalla que aquí sí Ilusenko pudo erigir) se encuentra la colina que llaman “Del Poder”, de dificultoso ascenso. Del otro lado, se encuentra la residencia vacacional de Dios. Los domingos, cuando descansa (como lo hace desde que el mundo es mundo), a media mañana el Creador de impecable bata blanca se acerca a la inmensa pileta de su parque, Dry Martini en mano. Los comunistas con sus rojas banderas se colocan en la ladera del cerro, y con sus megáfonos le gritan improperios. “Cerdo burgués”, “Dictador Fascista”, “Autócrata”, le gritan. Y su preferido (incorporado al repertorio por los bolcheviques argentinos) “¡NO EXISTíS!”.
El Todopoderoso simula ignorarlos. En otros tiempos intentó varias veces callarlos. Envió Arcángeles con rayos de goma e hidrantes de agua bendita para dispersarlos, pero volvieron. Lanzó sobre ellos, por derecha e izquierda, las plagas disidentes kautskynas y trotskistas, al eurocomunismo blanco y la perestroika, pero los tercos no cejaron en sus empeños. Llegó a enviar a predicarlos a su Hijo Dilecto, pero volvió con ideas extrañas, y desde entonces, todos los sábados se cruza a tomar mate, fumar en pipa y a disfrutar de las peñas.
Si todo esto que me contaron, es cierto, mi amigo Miguel, antes de que llegara el sol del 17, se mudó para allá. En este momento debe estar ansioso, ya habrá conseguido su megáfono para participar de su primer escrache al Creador. Lo vamos a extrañar, pero, como él mismo diría, “dejalo que haga la experiencia”. Ya lo veremos a su tiempo, para que la socialice.
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