jueves, 10 de noviembre de 2011

El republicanismo, en la Eurozona y acá.

Tras haberse fregado mutuamente durante un siglo y medio (1806-1815 durante las guerras napoleónicas, 1870 guerra franco prusiana, 1914-18 I Guerra y 1939-45 II Guerra), parece ser que franceses y alemanes han encontrado por fin la fórmula de la paz: entretenerse en reventar conjunta y armoniosamente a otros estados europeos.



El marco de la tan soñada hermandad de la Eurozona, teñida por la concepción neoliberal, se ha transformado en un campo minado para las economías nacionales, fructificando en un pensamiento único que no ha tenido problemas en fagocitarse a las opciones socialdemócratas, así como a la postre de la caída del Muro domesticó en reformismos a los partidos marxistas-leninistas, complementando un proceso de 30 años de derechización y de renuncia del Estado a regular los díscolos avatares de la economía en general y de las finanzas en particular.



Con distintos mecanismos se arriba a un mismo fin: no ya se exige juramento de lealtad y pleitesía absoluta al modelo imperante, sino que la relación de vasallaje exige acciones eficaces, e incluso el sacrificio de los leales y confesos artífices cuando cuadre.  

Por supuesto que es complejo, como dice Sarlo, comprender el intrincado mecanismo de las finanzas internacionales, pero es necesario recaer en un grado de estupidez de proporciones bíblicas  para no advertir las consecuencias: los gobiernos protagonistas de la Eurozona se empeñan disciplinadamente en el rescate de las mismas entidades financieras que produjeron la debacle por sus juegos especulativos, cargando sobre las espaldas de los pueblos la obligación de evitar el rojo de los bancos. En cuestión de meses, tal actitud se llevó puesto a 3 gobiernos, sin admitir la incidencia de ninguna forma de participación popular ni democrática.



El ajuste exigido a Grecia es de un salvajismo de tal magnitud que para instrumentarse no dudó en derivar en la prohibición lisa y llana de realizar una consulta popular. El socialdemócrata Giorgios Papandreu se transformó en un personaje no confiable, y por ende, un obstáculo merecedor de ser removido y reemplazado por una figura “del palo”, un tecnócrata como Lucas Papademus, cuyo actual cargo como Vicepresidente del Banco Central Europeo, augura un desempeño más propio de un Virrey que de un Primer Ministro. Burlar la soberanía popular representa para Grecia 8.000 millones de euros frescos que irán a parar a las arcas de los autores de su desgracia.

Rodriguez Zapatero también fue víctima de la especulación financiera traducida en burbuja inmobiliaria durante el gobierno de Aznar. Su renuncia a los principios que enarbolara históricamente el partido que lo llevó al gobierno fue el caldo de cultivo para la explosión indignada y el adelantamiento de las elecciones. Lamentablemente, la falta de articulación política del movimiento del 15-M y el desconcierto ante este fenómeno en el que parece estar sumida la izquierda real, sólo auguran el retorno del PP al gobierno. Una opción amigable a las corporaciones que detentan el poder permanente en España, incluidas, por supuesto, la mediática y la financiera.



El caso de Berlusconi es el más patético desde una perspectiva simbólica. Lo que no pudieron la oposición política, los escándalos sexuales, las denuncias de corrupción, su espectacular machismo, pareciera haber sido logrado por un cómplice cruce de sonrisas entre Angela Merkel y  Nicolás Sarcozy, una inapelable bajada de pulgar al estilo circense romano. El desairado Silvio cumple su último mandato de remitir al parlamento el Plan de Ajuste “aconsejado” por la UE y, esta vez sí, se sumerge en la cavilación de a cuál de sus 20 casas deberá irse a llorar su despecho.

Como podemos apreciar, la UE ha logrado por el momento conjurar la amenaza de que se repitan episodios como el Islandés, donde por 2 veces el pueblo adjuró de los esquemas de justificación de la rapiña y se negó a indemnizar el supuesto daño sufrido por los piratas especuladores. Los mentirosos “salvatajes” y el chantaje a los Estados, parece que siguen blindando a Europa contra experiencias “populistas” como las que disfrutan sus ex colonias latinoamericanas.  
  
Esto me trae a poner sobre el tapete el discurso republicanista, supuesto defensor a rajatabla de las instituciones, al que es tan afecto la oposición vernácula.



Cómo podemos apreciar, los enjuagues europeos destinados explícitamente al salvataje de la banca especuladora han sido prolijamente pergeñados dentro del marco institucional de cada país. Dentro de ese marco se han removido Jefes de Estado “molestos” para el avance de los planes, y dentro de ese marco se los sustituye por otros más “amigables” o más eficientes. Eso sí, tal como lo justifica Sarlo, nunca se repite el error de permitir que en el proceso intervenga la voluntad popular de modo directo, la imposición de los intereses de los especuladores se reduce a golpes palaciegos suceptibles de ser escudados, explicados o ocultados por una cobertura mediática adecuada que omita toda mención a la flagrante violación al principio de autodeterminación de los pueblos (por supuesto que estos “civilizados” requisitos son sólo exigibles en el ámbito de la moderna Europa. En Africa o Asia alcanza con los bombardeos y las invasiones).

Estos hechos me llevan a preguntarme cuál es el rol que las sacrosantas Instituciones deben cumplir. ¿debieran ser la manifestación organizada de la soberanía popular, pensadas para canalizar el “interés general” evitando el abuso y la desviación de poder de los representantes? ¿o se pretende sean una especie de colchón que amortigua el impacto de las decisiones del soberano para preservar los esquemas de privilegios de quienes pretenden eludir las regulaciones del Estado?  



Sarlo, en la nota a la que aludo en el post anterior, explicita su convicción  de que el pueblo debe abstenerse de opinar de manera vinculante para sus gobiernos, sobre cuestiones que son, por  complejas, ajenas a su comprensión. Tengo la impresión que el cínico discurso republicanista que hoy nos atraviesa (de la que Sarlo es una de sus abanderados), en el fondo, enarbola la segunda opción, la del encorsetamiento de la voluntad popular enderezada a transformar esquemas de injusticias y de opresión. El republicanismo representa un nuevo ropaje del discurso conservador que exige se mendiguen improbables consensos y que propicia la capacidad disminuida de la democracia como instrumento que permita adaptar o reformular las instituciones a la medida de las necesidades populares actuales,  renunciando a alcanzar con su poder de regulación coactiva a los intereses de las corporaciones dominantes.


martes, 8 de noviembre de 2011

¿70 Beatriz? ¿EN SERIO? Fahhh!!!

Dos cosas escuché decir a Beatriz Sarlo el viernes pasado, por Radio Mitre, en el programa de Marcelo Zlotowiazda: que leía 70 diarios por día (sí 70) y que los pueblos no están capacitados para analizar la economía (ni siquiera ella misma lo está, según afirmó, a pesar de leer 70 diarios por día).

Vamos a suponer que los 70 diarios que lee la Sarlo son todos una pedorrada semejante al órgano local de difusión oficial del bustiadamirebordismo, también conocido en Colón como “El Entre Ríos”. La edición de entre semanas, digamos, que cuenta con 16 páginas.



A mí, que soy un burro bastante ilustrado, que “lee de corrido”, casi atropelladamente, una lectura por encima, nada reflexiva me lleva… a ver: titulares de tapa… pag. 2, pag. 3, salteo la 4 de edictos y la 5 una propaganda, 6 y 7 también salteo porque son de deportes (no creo que a Sarlo le interese otro que no sea el Bridge), leo 8 y 9 política y sociedad, salteo la 10 y la 11 de propaganda y necrológicas, también 12 y 13 de clasificados, 14 editorial y Rubén Denis (uh… todavía no le cambiaron la medicación), 15 elogios a Rebord y a su mentor Adami, y 16 “Entregan prestamos a 20 microemprendedores”… 19 minutos 23 segs. Es decir, a razón de 3 diarios por hora, necesitaría exactamente 23 horas 20 minutos para leer 70. Me quedan poco más de 40 minutos por día para analizar, reflexionar, redactar algo, comer, dormir, lavarme los dientes, bañarme, darle la leche al gato y limpiarme el culo. Cagar no cuento porque mientras tanto se puede leer diarios. Y de este mocito… ni hablar. Claro que si en la lista de Sarlo se encuentran incluidos Clarín, La Nación, El País, Le Monde, Il Corrieri, The New York Times, The Miami Herald, u otros por el estilo, ya las posibilidades de concederle veracidad a su afirmación empieza a lindar con el delirio puro.

Convengamos, si fuera matemática y teóricamente posible, que también por esta vía lograríamos explicar la cara de estreñida, los desvaríos de trasnochada y hasta los modales de insatisfecha sexual de la Sarlo (lo que suelen ser confundidos con “soberbia intelectual”), así como el consecuentemente NULO relacionamiento social del cual sería consecuencia lógica su incomprensión absoluta de lo que sucede a su alrededor. 



Sostener que los 70 diarios de la Sarlo operarían como una especie de cartapesta sensorial que abstraería a la ¿filósofa? del mundo real y concreto de los seres humanos, no sería una imputación absurda teniendo en cuenta el contexto de la afirmación: si ella que lee 70 diarios por día no puede entender los mecanismos de la economía ¿cómo admitir que los griegos expresen su opinión respecto a la crisis que sufren a través del plebiscito que quería convocar Papandreu? Porque esta fue la elaboración central y leitmotiv de su intervención radial.

Al parecer a la Sarlo le resulta indiferente que los griegos sepan y sufran las consecuencias directas de las medidas de ajuste que la CCE le impone a su Estado, que los acose el desempleo, la reducción de salarios, las privatizaciones, el recorte de la inversión social y previsional, el achicamiento de su economía, la recesión… el hecho de prejuzgarlos como desconocedores de los intrincados mecanismos que movilizan las decisiones de  la especulación financiera internacional, la conduce a negarles su derecho a resistir, incluso por la vía democrática, las palpables y nefastas consecuencias. Sarlo condena a los griegos a dejar de ser sujetos de la historia y los cosifica en una especie de colectiva víctima pasiva del quehacer y de los designios del Dios Mercado, ajenos e inescrutables para la razón de los hombres.



Pero exploremos un poco la línea argumental de la lectora diaria de 70 diarios. Si entendemos la posición como derivada de la estructura ideológica mental de la intelectual, es decir, producto de un proceso deductivo, podríamos arribar  a la aviesa conclusión de que sostiene la existencia de al menos dos grandes campos sujetos a las decisiones del Estado. El uno compatible con el principio de la soberanía popular y por ende suceptible de ser sometido a los mecanismos de la democracia (en la nota, la propia Sarlo los ejemplifica: matrimonio igualitario o basado en la diversidad sexual, despenalización o no del aborto). El otro campo, poblado de situaciones incomprensibles para las masas (ejemplificado justamente por aquellas relacionadas con las finanzas internacionales), debe ser vedado a tal operatoria y dejada en manos de… bueno Sarlo no dice en manos de quien, pero me animo a sostener que en la punta de su lengua anida la palabra “tecnócratas” o algún concepto similar. 

Si mi razonamiento es correcto, una intervención respecto a un tema aparentemente alejado de nuestro ámbito nacional, estaría revelando la esencia reaccionaria de quien gusta complacerse a si mismo con el mote de progresista. Podemos empezar a decodificar a Beatriz Sarlo como una probable ideóloga de la reedición de la democracia acotada, formal, aquella democracia que no debe atreverse a correr el velo del institucionalismo para indagar y decidir sobre las cuestiones de fondo, sobre la infraestructura del andamiaje social. La propuesta de enajenar de la capacidad decisoria del pueblo un cúmulo de situaciones escudándose en su “complejidad” resulta al menos írrita, sobre todo cuando la intervención de Sarlo no parece otra cosa que un nuevo ropaje para la máxima aspiración neoliberal de Milton Friedman: liberar absolutamente a las “fuerzas del Mercado”, propiciando su autorregulación y sustrayéndolas de la normativa estatal.

Si negamos la capacidad de resolver cuestiones complejas mediante el instrumento de la democracia directa con el fundamento de la ignorancia del soberano, con igual argumento podemos colegir que todo poder representativo que exprese esa masa “ignorante”, se encuentra deslegitimado por el mismo vicio genético para abordar tales cuestiones. Por supuesto que leer 70 diarios por día le impide a Beatriz Sarlo comprender a los populistas choripaneros que nos empecinamos en creer que los pueblos aprenden de sus experiencias, y que saben leer desde las consecuencias las inconveniencias de los mecanismos ineluctables del mercado, aún cuando no lleguen a comprender su funcionamiento.



viernes, 4 de noviembre de 2011

En búsqueda de la identidad cultural (1 de ¿?).

Todo proceso de transformación, revolucionario o progresivo, necesariamente genera tensiones  y controversias. Es que transformar implica cuestionar un status quo del que disfrutan algunos que intentarán asirse a la subsistencia de sus privilegios.

Todo proceso de transformación, revolucionario, progresivo (o reaccionario), es a la vez el emergente de sectores sociales que pugnan por una mayor participación en la política, en la cultura, en la riqueza producida, o en todos esos ámbitos al mismo tiempo. En el medio de la marabunta emergen necesariamente desde ideólogos e intérpretes, hasta todo tipo de apasionado barrabrava a favor de la canonización o de la detracción herética, alimentados por la savia de la novedad y por el elíxir de la confrontación que explicita los apagados sueños y los rencores de los sometidos.

Todo proceso de transformación, incluso la mera necesidad de intentarlo, nos impulsa a revisar el pasado en la búsqueda de las raíces del conflicto, de las glorias perdidas y de las derrotas sufridas. Desde la perspectiva de marginados reclamantes, necesitamos reconstruir un imaginario que justifique las dilaciones de nuestras ansias y que entronque nuestras luchas con antiguas epopeyas proscriptas por el discurso vencedor.

Todo proceso de transformación, en definitiva, es un campo fértil para la creatividad artística, mientras esté dotada de la sensibilidad suficiente para pretender plasmarlo, documentarlo, e incluso preanunciarlo, aunque esta última virtud está reservada sólo para  los visionarios.

Y es en el marco de un proceso transformador, como el que nos ha sido concedido participar, en el cual quiero destacar la significancia de la obra de DANIEL SANTORO.


Durante el año 2001, mientras que la mayoría de los plásticos retrataban el indigente estado de las mayorías abandonadas a su suerte por la república formal, o la violenta explosión del descrédito en la política, reflejando al caos y a la desesperanza, Santoro opta por rememorar aquel “Mundo Peronista” construido durante los dos primeros gobiernos del General. Un mundo que refleja la especial relevancia de Eva, coprotagonista ineludible desde la perspectiva del arraigo sentimental del Movimiento. No sé si su pintura expresa un anhelo, una añoranza o una premonición, lo que sí se me ocurre resaltar es que la serie inaugurada por entonces tiene la singularísima trascendencia de expresar una alternativa reivindicatoria del Estado de Bienestar del que habíamos sido definitivamente expulsados al comer la fruta prohibida del neoliberalismo, seducidos por la serpiente riojana.


Santoro continúa la descripción de aquel paraíso perdido hasta 2005, explorando la doctrina del peronismo y sus logros concretos, incluso se aventura en escenas que reflejan la mirada de los bienaventurados que disfrutaron la bonanza de esa época. Matiza su estilo realista y descriptivo con evocaciones simbólicas (Eva como esfinge, el Pinto como Pegaso, los jardines en ruinas), construyendo mitos como el de la madre de Juanito Laguna, o la ironía de los castigos de Eva a los niños gorila y marxista leninista (concluída en 2011 con un carbón sobre el día del niño), no escapándole tampoco a hechos malditos para el arte, como el bombardeo a la Plaza de Mayo.



Es en 2006 el momento en que la añoranza comienza a mutar en fuerza viva y actual. Encabezados por el “Descamisado Gigante”, cabecitas negras, centauros, nuevos niños escolarizados; salen de bosques punzantes y oscuros, nacen o resucitan para comenzar la invasión de los ámbitos apropiados por los vencedores del ’55, redescubriendo y reivindicando los íconos sobrevivientes, cuando no arrastrando blancas y rubias cautivas, la representación de todo lo arrebatado a los sectores populares.


Pero estos seres, aislados, solitarios, necesitarían evolucionar en colectivos agresivos y ávidos de reiniciar la lucha para recuperar los espacios perdidos. Aparece el malón como protagonista, movilizado y dinámico, aterrorizante, observado desde la modernista ventana de un gabinete extrapolado al medio de la pampa por la incomprensiva intelectualidad cipaya, representada en la figura de Victoria Ocampo. Recientemente, la imagen del desentierro de un ejército de centauros de terracota en plena Plaza de Mayo, vincula aquella primera etapa con el resurgir actualizado de las masas militantes.


Victoria Ocampo también es objeto de deseo, también en la pintura de Santoro aparece reducida a la condición de cautiva de las fuerzas reivindicadoras y transformadoras. No creo resulte una interpretación forzada suponer que en este caso la Ocampo simbolice la cultura “oficialmente aceptable” (así como el crucifijo de procesión que porta otro de los integrantes del malón). Tampoco suena disparatado que Santoro exprese la aspiración (o la justa exigencia) que las manifestaciones culturales de la ideología que lo contiene,  gocen al menos de equivalente reconocimiento como expresión de identidad de una corriente popular, socialmente inclusiva e históricamente mayoritaria, pero a la vez estigmatizada y marginada del Olimpo de las artes, donde hasta hoy conviven amablemente desde el fascismo confeso de Lugones hasta el izquierdismo del retratista de Juanito Laguna.






ENLACES

Entrevista por Eduardo Aliverti Dic./2010: http://decimequiensosvos.com.ar/