domingo, 11 de septiembre de 2011

Mentime que me gusta... (2 de 4)

(antes sugiero, si no lo hicieron, leer la 1era. parte)

En una apretada síntesis del post anterior, podemos decir que partiendo de la hipótesis que existe una sola verdad constatable, al no poder ser cuestionada como tal, se plantea como metodología el descrédito de los parámetros objetivos que la hacen mensurable, y su sustitución por otros mas maleables y funcionales a los fines opositores.

Y en esto los argentinos somos precursores y campeones mundiales: inventamos la “sensación térmica” y desde ahí no paramos más. Un absurdo ¿alguien me puede decir de que manera se puede medir “la sensación” que cada uno de nosotros tiene de la temperatura, y en su caso, cómo se puede establecer un rasero de alcance universal? ¿Acaso alguno de Uds. no salió una mañana de pleno invierno emponchado hasta los ojos y lo recorrió un escalofrío por la espalda cuando se cruzó por la calle con una jovencita de minifalda y ombligo al aire? ¿Qué tiene que ver su sensación de la temperatura con la de la pendeja acalorada? Lo único objetivo es cuanto sube la línea de mercurio en el capilar, la sensación que en cada uno produce ese hecho, es individual y subjetiva. ¿o acaso vamos a creer que sufrimos igual los 5º bajo cero que un esquimal?

Y de la sensación térmica, a la "sensación de inseguridad" o la "percepción de la corrupción", no hay más que un paso.

Si yo vendo seguros contra robos, alarmas, diarios amarillistas o soy opositor al gobierno y me presentan estos datos que siguen, puedo estar seguro que mi emprendimiento, a la corta,  se encaminará a la bancarrota.


Son datos de la realidad, incontrastables, reconocidos mundialmente. No han logrado ser objetados en su veracidad. Pero para salvar nuestros negocios echamos manos a la “sensación de inseguridad” y todos felices. Ya deja de ser importante si en el país ocurran 5, 10 o 500 homicidios, sus causas y sus circunstancias, lo importante es convencer a “la gente” de que debe tener miedo a ser asesinada, secuestrada o violada y mutilada por incontrolables hordas de pigmeos en celo, que le puede pasar a cualquiera, que no salga a la calle, que se aterrorice y quede pegada al televisor alimentando su convicción de que “nos están matando como a moscas”. Fabricante de alarmas, rejas, cerrajeros, contentos; dueños de canales de TV satisfechos; “especialistas en seguridad” en un ambiente propicio para el apareo y la reproducción. Si a esto agregamos una policía dispuesta a administrar el delito, transformarse en estrellas de TV y/o comercializar datos de investigaciones; logramos matar tres pájaros de un tiro: 1) una sociedad medrosa dispuesta a aceptar cualquier salida autoritaria (es decir cambiar la libertad por la seguridad como predicaba el Rabino Bergamm), 2) explotando el lado morboso,  una fuente inagotable de minutos TV o centimetraje de diarios a módico precio, 3) un gobierno proclive a ser pateado en los tobillos permanentemente por no dar soluciones imposibles de dar a un problema con fuertes ribetes psicológicos.



Aclaremos el término, no niego la existencia de los homicidios, robos, violaciones o secuestros reales, lo que digo es que los parámetros objetivos demuestran que los mismos van en disminución, pero es imposible dar solución a un problema inexistente como el de la sensación de inseguridad, porque la misma no se asienta sobre la realidad sino en la manipulación que los medios de comunicación hacen de la cuestión de la seguridad. Recuerdo a un Ministro de Gobierno de Santa Fe diciendo una vez: en Rafaela la sensación de inseguridad pasa por el temor a ser secuestrado o asesinado. Jamás hubo un secuestro y el último homicidio doloso fue hace 10 años.

Una encuesta de Clarín, hace un par de años, fue la respuesta más eficiente a los funcionarios que trataban de explicar la disminución de la tasa de delitos. La inefable pregunta era “¿Ud. siente que la sensación de inseguridad ha aumentado?”. La opción por el SI fue abrumadora.

No hay dudas que los más proclives a sufrir la sensación de inseguridad, son los porteños y los bonaerenses. ¿Con qué cara pueden recibir esta estadística? Porque, por ejemplo, los tranquilos pueblerinos entrerrianos tendríamos más razones para estar paranoicos ¿no? ¿Será porque somos más proclives a desayunar con mate a que hacerlo con Clarín o La Nación? (Acá los diarios llegan más tarde)


Para reforzar la sensación, existen otros recursos más. Aparte de magnificar el hecho delictivo y colectivizar el significado de la amenaza que representa, se hecha mano a la técnica de invisibilizar sus causas profundas y las circunstancias particulares que rodean el hecho (cuyo conocimiento operaría como coto a la pretendida universalización del drama) e incluso, su resolución judicial. Tomo como ejemplo el asesinato del florista de Susana Gimenez que provocó una reacción en masa a favor de la pena de muerte de buena parte de la farándula local. Poco se habló después de que el asesinato respondió a una causa pasional (causa que de por sí excluye del peligro al resto de la sociedad) y que, por ende, la muerte se ubicaba en el conjunto de homicidios no vinculados a otro tipo de delitos, conjunto que engloba a las 2/3 partes de los casos en Argentina. Poco se habló después que los responsables fueron encontrados y el caso fue resuelto, como en la inmensa mayoría de los episodios policiales que obtuvieran en su momento sensacionalista repercusión mediática.

La generalización indiscriminada también tiene otras utilidades. La expresión “este gobierno es igual de corrupto que el de Menem” ha sido producto de un largo proceso de instalación. En realidad, es de relevancia secundaria parte de la frase “este gobierno”, la conclusión se aplicará a este o a cualquier otro según lo indique la conveniencia. En el fondo, el objetivo es la naturalización de la idea que el Estado es corrupto y corruptor, idea sembrada desde tiempos  inmemoriales por los sectores propietarios del  poder real que siempre vieron al Estado como una amenaza a sus privilegios.

La frase es hermana de “todos los políticos son corruptos”, tan arraigada que no deja ver la realidad de que para que exista un hecho de corrupción, normalmente debe haber dos partes. Por la del otro lado del mostrador (empresario, banquero, o incluso el que quiere zafar de una multa) parece que nadie se interesa.

Dado que la tarea de investigación periodística para demostrar un hecho de corruptela resulta dificultosa, agobiante, cuando no cara para el empresario de medios, la lógica del menor esfuerzo ha impulsado una solución abarcadora y de aplicación masiva que facilite la tarea: “la percepción de corrupción”, un parámetro subjetivo, fácilmente manipulable, que tiene por objeto invertir la carga de la prueba. Pero tan antojadizo y carente de objetividad como los anteriores.

La medición les es encomendada a ONGs integradas por miembros de reconocida trayectoria, solvencia moral e imparcialidad. Si, dale. La más conocida de esas organizaciones en nuestro medio es “Transparency International” que elabora anualmente un “Informe sobre el Barómetro Global de la Corrupción”. Sus representantes locales, auditoras de la corrupción del Estado, fueron nada más ni nada menos que María Eugenia Estenssoro, Norma Morandini y Poder Ciudadano. Objetividad e imparcialidad garantizada, JE!

Para que nos demos una idea de la sinrazón: en el informe 2007 (época en que casos como Skanka y Jaime marchaban a todo vapor) se titula el segundo capítulo “LA CORRUPCION EN ORGANISMOS CLAVE: PARTIDOS POLITICOS Y CUERPO LEGISLATIVO PERCIBIDOS COMO LOS MAS CORRUPTOS”. Excelente título para Clarín. De hecho lo fue. Y acá está el cuadro que así lo demuestra.

Pero tenga mano tallador… que estos son curreros pero no boludos. Si leemos con atención el cuadro, sabremos que se está hablando de “niveles de corrupción PERCIBIDA”. En otras palabras, y como se explica en el propio informe el cuadro se forma a partir de preguntar En qué medida diría Ud. que están afectados los siguientes sectores por la corrupción en este país?”. La misma encuesta contiene otras preguntas, realizadas en el mismo universo, no ya sobre lo que a uno le parece, sino a lo que efectivamente le pasó: “En los últimos 12 meses le solicitaron en algunas de las siguientes instituciones a Ud. o a algún miembro de su familia un soborno?”;  “En los últimos 12 meses, ¿Pagó Ud. o algún miembro de su hogar algún soborno de alguna manera a las siguientes instituciones?”;  “ Cuál fue el monto del último soborno pagado?. Sobre la base de estas preguntas se elabora otro cuadro, no ya de percepción sino de datos objetivos, con conclusiones bastante disímiles, que rara vez son noticia de tapa.

Cabe preguntarse ¿por qué entonces si la policía y el Poder Judicial son los más coimeros, seguidos por algunos sectores de la administración y las empresas privadas de servicios, se percibe como tal al Poder Político? ¿Será por la misma razón que lo que publican los diarios es la “percepción de corrupción” y no los datos concretos de corrupción? Como diría Capusotto: “para reflexionar…”.

El mismo informe nos cuenta que, si bien Argentina, objetivamente, se encuentra en el cuarto cuantil (de 5) que incluye a aquellos países en que sólo entre el 2% al 6% de los encuestados enfrentó una situación de soborno (escalón que comparte, por ejemplo, con “países serios” como Finlandia, Hong Kong, Irlanda, Portugal, Sudáfrica, España, Reino Unido, Estados Unidos); es uno de los países que más corrupta cree a su clase política y que menos cree que la situación pueda mejorar. Fíjense este “detalle”: si bien ocupamos el mismo escaño que Finlandia respecto a hechos de corrupción reales y constatados mediante la encuesta, según el mapa 2010 de “percepción de corrupción”, Finlandia se encuentra ranqueado entre los 5 con mejores índices (calif. 9.2 de 10=”altamente limpio”) y Argentina 105º (calif. 2.9). O los finlandeses son muy turros y la hacen muy bien, o acá comemos verdura. Cualquier coincidencia con la relación “índice de seguridad-sensación de inseguridad” es mera casualidad.

Volvemos a la hipótesis inicial, la mentira se retroalimenta. Propalamos que el poder político es por naturaleza corrupto, “la gente” nos cree y contesta las encuestas en ese sentido, sólo para que los mismos que propalamos la especie podamos decir, leyendo este tipo de informes, “vieron que era así como decíamos?” Casualmente, la misma mecánica aplicada por Clarín y Perfil para el tratamiento de los cables de Wikileaks, no?


Y vayamos metiendo pata porque, de lo prometido, todavía faltan la inflación, la cantinela del campo y los procesos electorales. Uh! ¡Y el riesgo país! Pero será en otra oportunidad.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Mentime que me gusta...

¿Es “la verdad la única realidad” como dice el apotegma peronoaristotélico? ¿o existe una multiplicidad de verdades paralelas que se adaptan a las necesidades de cada cual que pretende ser dueño de una verdad relativa?

¡Ojo al piojo! Que esta última variante suena muy atractiva y suele seducir a los espíritus democráticos y libres para atraerlos a sinfines de interpretaciones lucidas y abstracciones especulativas. En mi limitante carácter de burro, yo rechazo la idea de la multiplicidad de verdades, ni siquiera acepto la parcelación de la verdad a efectos de satisfacer la egoísta vanidad de sentirse dueño de una porción. Las cosas son tal cual son, verificables, cuantificables, experimentables, o no lo son. Para mí, no existe “mi verdad relativa”, como tampoco existen "verdades a medias".



Y a no confundir esta afirmación con una pretensión autoritaria, para nada. Porque cabe sí distinguir otra cuestión, las posibles interpretaciones de la realidad, los disímiles cánones de valoración, los cuestionamientos de los por qué, los para qué y los por donde, que, en definitiva, tanto como inequívocamente aceptables y necesarios, no son más que subjetivos cristales a través de los que se observa un objeto único.   

Por ejemplo: es discutible la cuestión de porqué existe una adhesión mayoritaria (y variable, por cierto)  al modelo político-social y económico que se va instalando desde el advenimiento del kirchnerismo. No es discutible la realidad de que el pasado 14/8 la actuación global durante estos 8 años ha sido refrendada popularmente, expresándose más de la mitad de los votantes en ese sentido, dentro de las reglas que rigen el sistema democrático. No es discutible el hecho que, a la legitimación de origen, ahora se añade una ratificación de la confianza, mucho más amplia que la “genética”, basada en la actividad concreta desarrollada. Es evidente que quien eligió votar la reelección de Cristina, no lo hace por una mera especulación de lo que puede llegar a hacer, sino que, además, cuenta como argumento lo ya hecho y el rumbo adoptado. Caen entonces en la basural de los recuerdos infames la opereta campera preanunciada por Miguens en la inauguración de la Rural’07 (en agosto, mucho antes de la sanción de la R-125) y que sacudiera a Cristina desde las rutas cortadas durante 2008; el escandalete montado sobre las valijas de Antonini Wilson (tapa de Clarín justo el día de lanzamiento de Cristina); el supuesto escándalo Skanska, entre tantas otros maniobras que intentaron esmerilar la imagen e impedir la continuidad de este gobierno.



En el fondo, los cultores de la relativización de la realidad, son conscientes del error de su planteo, y aunque lo siguen sustentando, se inclinan por otras tácticas: desde el ocultamiento malicioso (mediante el “cerco mediático” que le llaman: no hay obra o acción de gobierno que merezca una cobertura significativa), pasando por el agitamiento de amenazas (miren que ahora va a reformar la constitución, va a perseguir a los periodistas independientes, va a desguazar la justicia), la fabulación y la tergiversación, hasta el desconocimiento doloso y la manipulación de los parámetros objetivos sobre los que se asienta realidad y la hacen palpable y mensurable.

En este sentido, ejemplifica la extemporánea denuncia de Duhalde (basada en los telegramas del escrutinio provisorio cuando ya se había realizado el escrutinio definitivo sobre las actas de mesa), que no es más que una patética reedición de las alertas de fraude con que Carrió amenizó las pantallas antes y durante las elecciones de 2007 y 2009. El juego es simple, si no tenemos los votos necesarios, ponemos en duda que los otros los obtuvieran. Confesó, desnudando su intención, el garca de pedigree de Federico Pinedo: una vez que se instala el fraude no se puede erradicar. Debió haber dicho, en honor a la verdad, que su pretensión fue instalar la idea de que el próximo gobierno de Cristina  es producto de un fraude, como un prejuicio de improbable erradicación que serviría para cuestionar cualquier acción de gobierno futura.

Si los números (¿existe algo más objetivo que la cuantificación?) no favorecen, no existen los números. Como no podemos aspirar a discutir “su verdad”, cuestionaremos su procedencia, su composición. Como no podemos negar que 1+2=3, diremos que la cuenta está mal porque en el lugar de 2, debió contabilizarse 1 (si son votos oficialistas), o 3 (si son opositores).

Y si lo pensamos, estamos frente a una lógica perversa de deslegitimación permanente, axiomática,  cuya mecánica es la manipulación numérica, es decir, de aquel elemento referencial más fiel para medir cualquier cosa, incluso dentro de una sociedad. Cualquier logro alcanzado por el gobierno nunca podrá ser apreciado en su magnitud si no puede ser cuantificado, o si esa cuantificación pierde su carácter de referencia objetiva. Si se cumple el objetivo de lograr tal descreimiento, nada tendrá valor y todo lo que se diga podrá ser relativizado (incluso a fuerza de mera reiteración, ni siquiera es necesario argumentar en contra). Así se crea el caldo de cultivo para la proliferación de las “realidades” paralelas, para parcelar la verdad a partir de dinamitar los índices de cuantificación. Carecen socialmente de sentido, entonces, desde los números que demuestra el incremento de la matrícula escolar, el incremento de la mano de obra ocupada, los kilómetros de gasoductos, los aumentos de las exportaciones, las mejoras de las jubilaciones. Incluso, la propia legitimación democrática queda expuesta a la duda.



Atacados los parámetros y reducidos al descrédito, no hace falta demostrar que no se construyeron en 8 años más de mil escuelas, ni que la AUH no  tuvo fuerte impacto en la escolarización. Basta afirmar que en la escuela tal faltan bancos para que “el sentido común” deduzca que no se ha avanzado nada en materia educativa.

Y, a la destrucción del criterio objetivo de evaluación, se sucede la invención de nuevos “índices”.

Este post de Mancuso, que refiere a un análisis hecho por Clarín sobre el acceso al agua, es demostrativo de estos ejercicios de manipulación. Por los títulos de Clarín nos enteramos que, según el Censo 2010,  “Acceder al agua (es) una odisea para 5.000.000 de argentinos. El estado no garantiza la cobertura al 100% de la gente. Sólo en el GBA hay 800.000 hogares en situación delicada”.  Si sólo nos quedamos en el título y la bajada, nunca nos enteraremos que la “odisea” consiste en no tener agua de red sino de pozos artesianos con o sin bomba motorizada o acceso a agua potable de manera suficiente y permanente por otros medios, e incluso que, entre los argentinos a quienes el Estado no les garantiza el acceso al agua, se encuentran aquellos a los que el servicio se los brinda una cooperativa de agua potable. La escandalosa cifra tirada por Clarín, representa la friolera del 12,5% de los argentinos.

Clarín inventa un nuevo parámetro para suplantar al criterio de la OMS respecto al derecho al acceso al agua potable, mundialmente reconocido y aceptado como indicador sanitario y de desarrollo: “UTILIZACION DE FUENTES MEJORADAS DE AGUA POTABLE” (acceso sostenible a agua potable: incluye agua corriente, pozos entubados, pozos excavados protegidos, manantiales protegidos, etc., en cuanto el suministro sea suficiente y potable), según este indicador la cobertura alcanzada por argentina es del 97%, es decir, el sector de la población que podríamos considerar con problemas de acceso al agua potable es al 3%, y no al 12,5% por el que se queja Clarín. Otro dato del que no nos enteraremos si somos clarín-adictos es que en los ’90 el porcentaje de población con carencia de este tipo era exactamente el doble, mejorando sustancialmente en este aspecto la población rural que pasó del 72 al 80% de cobertura (Fuente Estadísticas Sanitarias Mundiales 2010 - OMS).

Como ven, criterio de cuantificación que no sirve a los efectos discursivos, se cambia.

Y si para muestra de manipulación no basta un botón, los invito en próximos post a revisar la crisis del campo, la violencia social, la inflación, la corrupción y hasta las elecciones.


martes, 6 de septiembre de 2011

Duhalde denuncia Fraude, Das Neves, NO. (RECARGADO)

Ojo al piojo! Parece que hubo fraude cibernético. Si lo dice el Narcobañero, debe ser cierto nomás ¿cómo no creerle en la materia al compañero de fórmula de Das Neves?. Decididamente, salió a ocupar el rol deslegitimador que le correspondió a la ahora deprimida Carrió en las elecciones presidenciales de 2007. De nada sirve que se hagan 100 escrutinios definitivos más. 

En una conferencia de prensa con amplia cobertura mediática (La Nacion  y Clarin), Tachuela abrió al grito de “Sunnescándalo” en un evidente guiño seductor hacia los huérfanos de candidatos que dejara la Argumedo, la presidenciable muleto de Pino Solanas. 



Como no podía dejar pasar la oportunidad de continentalizar la denuncia, Tachuela sacó pecho y arrojó sendos baldes de mierda hacia Correa y Chavez Candanga, dos habituados a ganar elecciones a lo pavote, pero en sus dichos, beneficiarios de maniobras fraudulentas de la misma empresa informática que fue contratada por el gobierno argentino para recabar los datos el escrutinio provisorio. La empresa negó la parte que le tocaba, argumentando que nunca tuvo que ver con el Estado de La Florida, ni con las últimas elecciones iraquíes, mucho menos con las afganas y las hondureñas, lo que de por sí ha sido considerado prueba suficiente de su inocencia. 

Profundizando mas allá del escuálido contenido de la cobertura, este blog ha accedido a la información confidencial con que cuenta el Frente Popular para sustentar su airada queja. En un alarde de tecnología, la empresa cuestionada habría logrado implantar chips en el 50% de los ciudadanos argentinos, que eran activados remotamente al momento de ingresar al cuarto oscuro, robotizando a la víctima y obligándola a votar a los secuaces de la presidenta, o incluso a ella misma. La maniobra sólo pudo ser abortada en San Luis gracias a una hábil intervención xiliumita. 

Además de las 7 pilas de telegramas (se sospecha que algunos son salutaciones de casamiento), de los que da cuenta la crónica de Clarín, la denuncia se apoyaría en una filmación 8 mm que demostraría que Funes Mori no la bajó con la mano cuando le anularan su gol contra Godoy Cruz, dos paquetes de pastillas “Trineo” vacios y un preservativo marca “Camaleón” que habría sido encontrado dentro de un sobre en una urna de Va. Gral. Galvez de Santa Fe (usado como cobertura de una voto propio). Pero además, Duhalde cuenta con una valiosa placa fotográfica, obtenida en España en épocas de Aznar, que sería presentada ante los jueces como pertinente antecedente de tan macabro accionar. 




Daños colaterales. 

Como ya sucediera en otras oportunidades (como lo relato acá), la amplia cobertura mediática brindada a este tipo de hechos genera cierta duda en algunos sectores financieros, produciendo nefastas consecuencias. 

La perspectiva de que no sea cierto que el 50 + 1% de los argentinos haya votado a Cristina en las P.A.S.O., y que se encuentre en riesgo su reelección (el Cabezón especula que ni siquiera llegó al 40%), lo que implicaría que Argentina también caería en la recesión globalizada, los sensibles operadores bursátiles han provocado la caída de las cotizaciones en Wall Street, arrastrando a las principales Bolsas del viejo continente. Todos esperan que Barak Obama desmienta los dichos de Duhalde en su discurso previsto para el próximo jueves

Otras denuncias por el mismo precio. 

Duhalde también pretendió esmerilar a su directo competidor, Ricardo Alfonsín, apuntando sus cañones hacia él, acusándolo de ser depositario infiel (acción consistente en no devolver algo ajeno que le es dejado en su guarda) de la confianza que los radicales depositaban en su padre, de las expectativas de miles de sojeros que pretendían remover el obstáculo y de Magnetto que considera que Cristina ya es un escollo. 

Si bien lo hizo de manera velada, elíptica y metafórica, no dejó pasar la oportunidad ante el primer pie que le dieron los periodistas presentes. Según nos cuenta La Nación: “En el duhaldismo costó explicar por qué no se había realizado una denuncia conjunta con otros opositores supuestamente damnificados por las irregularidades en el conteo. "Lo llamé a [Ricardo] Alfonsín, todavía no me devolvió la llamada", afirmó Duhalde durante la conferencia.” 

Nada que ver pero, he descubierto hoy otro ilegítimo apropiador de iniciativas ajenas, escuchando a Victor Hugo. Matias Martin se dice el ingenioso autor de la iniciativa “Roger Waters para todos”, una falacia. La ocurrencia primegenia corresponde a “el Caniche Chino” que arrojó el guante el viernes 26 de agosto en el programa “100 de Paleta” por FM La Boca. Me consta y por una módica suma más viáticos lo atestiguo donde sea.


Escuchalos en este enlace, los viernes,
de 23 hasta que los echan.




¿Pero cómo pude ser tan infame como para dejar fuera del post a Perfil? Mil perdones Fontevecchia, Ud. también merece lo suyo. En esta nota no se contenta con reproducir a sus hermanos mayores, tiene que ir más allá y es ahí donde se cae el velo que encubría la verdadera intención de Duhalde. Su problema no es tanto haber sido paliciado, sino no haber salido segundo con claridad, particularmente en Pcia. de Buenos Aires: "Según el ex presidente, desde el oficialismo de antemano se había impuesto la decisión de fijar el porcentaje que finalmente se anunció (casulamente, le falta decir, mas o menos el mismo número que daba cualquier encuestadora o boca de urna) y "que no hubiera segundo", ya que en teoría decidió que el segundo y el tercero en las primarias se quedara con un resultado del orden "del 12 y el 12 por ciento". Apunta los cañones contra la Prov. de Bs.As., sugiriendo que es una barbaridad que ésta albergue el 67% de los votos en blanco del país. Pues claro, no debemos olvidar que la Senaduría bonaerense es un bien ganancial cuya titularidad corresponde, hasta hoy, a la Chiche.

La empresa aludida, Indra Argentina, tuvo la delicadeza de contestar los bolazos de Tachuela: 

Indra recordó, en el caso de las elecciones que se llevarán a cabo este año a nivel nacional, que había sido "adjudicada en Licitación Pública Internacional número 20/10, realizada en el ámbito del ministerio del Interior".

También especificó que la tarea prevista en la Licitación es la de "realizar el servicio de diseño, planificación, organización, operación del servicio de carga, procesamiento y difusión del recuento provisional de resultados a nivel nacional para los comicios a realizarse en el año 2011 (Primarias, Nacionales Primera Vuelta y eventual Segunda Vuelta)".

El comunicado recordó que Indra fue elegida en la Argentina "por administraciones de diferentes banderías políticas" para realizar "consecutivamente el recuento provisional para elecciones presidenciales y legislativas nacionales en 1997, 1999, 2001, 2003, 2005, 2007, 2009 y 2011".

Por caso el 13/04/03 el propio Duhalde, como Presidente, y guiado por el representante de Indra hizo una recorrida por el centro de ingreso de datos de capital, el centro de cómputos, el espacio destinado a los fiscales y la sala de prensa donde sería transmitida la información ya procesada para su difusión de las elecciones de ese año donde se consagró Néstor Kirchner como Presidente.

En esa oportunidad, el bonaerense dijo sobre el comicio del 27 del abril que "vamos a estar en presencia de una elección que seguramente antes de medianoche vamos a tener un resultado indubitable" y criticó a la oposición porque “agitan los fantasmas de que puede haber trampas”. Es una “irresponsabilidad muy grande cuando se echan al boleo” 
denuncias de este tipo concluyó.


¿Que tal te quedó el moño?