sábado, 14 de mayo de 2016

Bienvenidos al Medioevo




En la Edad Media los secretos de los oficios artesanales se pasaban de generación en generación (de ahí que existan tantos apellidos derivados de oficios). El otro modo de acceder al conocimiento práctico necesario para desarrollarlo, era suscribir un contrato de aprendizaje con un Maestro Artesano, Básicamente significaba constituir una servidumbre personal donde el aprendiz se obligaba a trabajar a favor del maestro y, en pago, el maestro lo introducía en la práctica de la actividad. Culminado el aprendizaje, aún debía pagar para rendir un examen de conocimiento ante el Gremio, y si lo aprobaba, recién se encontraba habilitado para trabajar como oficial del mismo o de otro maestro. Luego de años, podía eventualmente ser habilitado para trabajar de modo independiente.




Lo importante de esto es que, si lo vemos desde otro ángulo, el aprendiz pagaba por aprender.


Mediante este tipo de procedimientos, los Gremios artesanales no sólo lograban asegurar ingresos suficientes a sus miembros limitando la oferta de la actividad, sino que además les aseguraban mano de obra gratis.


Después vinieron la revolución industrial y el liberalismo y todo eso se acabó.

Trescientos años más tarde el Neoliberalismo muta en Neomedioevismo, y, salvo el detalle de sustituir al Gremio Artesanal por la Empresa Privada Multinacional, reinstaura el contrato de aprendizaje laboral, cuya matrícula debe ser abonada por el aspirante a trabajador manual “calificado”.


No permite otra conclusión el reciente compromiso suscripto entre el Ministerio de Trabajo Nacional y la empresa Mc Donal’s. Mientras que el salario inicial bruto del empleado de comercio por una jornada de 8 hs. ronda los de $ 14.000 (a lo que debe adicionarse como costo las contribuciones patronales), se festejó el convenio que permitiría a 5000 jóvenes acceder a contratos de aprendizaje en la “prestigiosa firma”, en jornadas de 6 horas, por el plazo de un año, con un jugoso salario de $ 4.500.


Lo importante de esto es que, si lo vemos desde otro ángulo, el aprendiz paga por aprender: de acuerdo al convenio del sector, por 6 horas, proporcionalmente, correspondería un salario de bolsillo de $ 9000, es decir, por aprender a dar vuelta hamburguesas más o menos en su justo punto, llenar conos de papas fritas y llevarlas a una mesa, el joven argentino de entre 18 y 23 años estaría abonando al patrón $4.500 de lo que debió haber sido su salario. El sacrificado patrón, en mérito a su esfuerzo colaborativo en generar empleo de calidad y mano de obra calificada que contribuirá a que todos y el país seamos mejores, percibirá del Estado una suma de $1000 e importantes descuentos a las contribuciones a la seguridad social, en retribución a su esmero en ayudar a, como dijera alguien, dar vuelta la página de un estatismo agobiante.


Otrora, esos $ 1000 solían ser otorgados a jóvenes becarios cuya calificación laboral era suministrada por escuelas técnicas y universidades. Afortunadamente, ya podemos decir Nunca Más a semejante despilfarro de la plata de mis impuestos.


PD.: Llamativamente, el anuncio no fue acompañado con una promesa de apertura de nuevos locales de la empresa. Cualquier mal pensado podría ser inducido a creer que los 5000 nuevos puestos de trabajo a crearse lo serán en sustitución de otros 5000 viejos y onerosos puestos a eliminarse.

lunes, 22 de febrero de 2016

La política es delito otra vez.

El Presidente Mauricio Macri explicita su concepto de "política", abjurando de la democracia que lo ungió.
 
Según el "Mataburro Lunfa" de la página elortiba.org: "AGUANTADERO : Refugio de delincuentes buscados por la ley, en donde esperan o "aguantan" hasta un mejor momento".




La política así es asociada a la actividad ilícita, delictual, trazando un nuevo hilo conductor que emparenta el discurso de "Cambiemos" con las prácticas de las dictaduras militares. 

Nada nuevo bajo el sol, continúa la línea del "Protocolo antipiquetes" (consciente que la protesta social no es otra cosa que la manifestación de un cuestionamiento político), engendro que consagra la arbitrariedad de resolver el conflicto entre derechos constitucionales (el de peticionar a las autoridades y de manifestarse por un lado y el de tránsito por otro) a fuerza de garrotazos y balas de goma (con la mayor de las fortunas); y de la embozada acusación de sedición con la que se caracterizó, en primera instancia, a los reclamos de la Tupac Amaru en Jujuy. 

Decreta así que ya no hay espacio para la lucha de ideas, ni para el acuerdo, ni para el consenso, ni para el diálogo, en el ámbito reconocido por la sociedad, justamente, para que se desarrollen. Una forma berreta de alucinar el fin de las ideologías.

Ratifica de este modo que el Estado es un terreno destinado a ser colonizado por las corporaciones económicas, para destruir todo cadena transmisora que lo vincule con la sociedad, salvo aquellas articulaciones que el mercado premie con la rentabilidad, en cuyo caso serán destinados a ser negocios de los amigos. 

Bienvenidos, amigos, al Estado del S. XXI, demasiado parecido al de la trigésima década del S. XX, pero ahora con incorpóreos expedientes digitales (seguramente tan engorrosos y lentos como sus ancestros en papel) que reemplazarán la participación ciudadana.