Un número publicitado por 4 diputados, que
supuestamente resulta del promedio de un número ignoto de índices, elaborados con ignotos
métodos, sobre ignotas bases por ignotas consultoras, pomposamente se transforma (por obra y gracia de Clarín) en
el "IPC del Congreso" ¿la consagración del disparate o una verdad
revelada que será repetida hasta el hartazgo por dos subespecies subhumanas
especializadas: la de los autómatas acríticos y la de los reproductores conscientes
de la falsía?

Quienes osaron interrogar a Patricia Bullrich
sobre el origen del dato o la metodología aplicada, se encontraron con uno de los
secretos mejor guardados desde los códices con que Da Vinci eludía la
injerencia inquisitorial. Esta circunstancia hace de la credibilidad del “IPC
del Congreso” una auténtica cuestión de fe, cuya autenticidad es garantida por
el sacerdocio periodístico de los escribas de Clarín. Desde que Jesús recriminó
a Tomas haber necesitado ver para creer ¿a quién se le ocurre andar pidiendo corroboraciones
racionales aunque no hacerlo implique cercenar cualquier posibilidad de debate
serio?
En la foto los vemos a Ricardo Gil Lavedra,
diputado radical y ex funcionario de gobiernos radicales, y a Patricia Bulrich,
diputada ya no recuerdo por quien y también ex funcionaria de gobiernos
radicales.
Viene al caso, porque al simpático cuadrito
que acompaño lo pueden encontrar en la página de los diputados de la UCR.
Según
ellos refleja la inflación "real" entre 2007 (año en que San Guillermo
atravesara Diagonal Sur para expulsar a los mercaderes del Indec) y fines 2012 a la que atribuyen el valor de 229%, entiendo que según las mediciones
apócrifas que cada mes presentan la Bullrich y Gil Lavedra en su acting
clarinetero. Pero pongámosle que sea cierto...
Hay que reconocer que en algunas cosas los
radicales nos superan ampliamente en eficacia: solo durante 1988 los radicales en el
gobierno casi duplicaron la marca lograda por los K en 5 años: 387,7%, y en
1989 les bastaron menos de 6 meses en arrimarse al 1000%.
Algo más, durante el lapso de tiempo que ocupa la medición, el salario mínimo
vital y móvil paso de $800 a $2875, o sea, se incremento un 360%. La jubilación
mínima que en 2007 era de $600, en marzo alcanzará $ 2165 (361%). Es decir, teniendo
en cuenta el índice inflacionario que publican los radicales, con un salario
MVM o una jubilación Mínima se puede comprar ahora casi un 60% más que en 2007.
En cambio todo el proceso hiperinflacionario
radical del 88/89 se atravesó con salarios y jubilaciones congelados gracias al
Plan Primavera. Ese mismo proceso se desató tras una durísima campaña psicológica
del diario Clarín y de la derecha económica (que arreció durante el año 88) para desprestigiar los índices que elaboraba
el Indec (se puede leer acá), a tal punto que la paranoia desatada por la “inflación
esperada” empujaba a los minoristas a remarcar muy por encima de los costos de reposición,
acelerando el proceso. Las reservas de divisas extranjeras se agotaron ya el
primer mes del 89, por minicompras de desesperados
por mantener el poder adquisitivo de su sueldo y de los habituales especuladores
de ocasión. A pesar de ello, salvo decretar algunos feriados cambiaros, no se adoptó
ninguna medida restrictiva que impida la sangría de dólares.
Similar panorama de ataques psicopateantes (ataque
desenfadado contra los índices que elabora el Indec y varias corridas bancarias
y cambiarias) se verifica durante estos últimos años (2007/2012), sin embargo no
hubo hiperinflación ni estallidos sociales, las reservas de divisas son suficientes
y consistentes y todos los índices de desarrollo humano evolucionan satisfactoriamente.
12 años más tarde los radicales, están otra
vez en el gobierno y volvieron a enfrentar una difícil coyuntura producto de su
necedad (o falta de valentía) por sostener un esquema económico a todas luces agotado.
Con arcas exhaustas de reservas pero sin hiperinflación (más bien deflación producto
de la insoportable retracción de la producción, del empleo y del mercado interno),
esta vez abandonaron su tradicional quietismo y, aparte de mantener congelados los salarios, optaron por políticas “proactivas”:
recortes a la educación y toda forma de inversión social, corralito, rebaja de sueldos estatales y jubilaciones fueron
las estrellas rutilantes del firmamento de desatinos delaurristas. Al final (el
más previsible en la historia de las tragedias) lo sufrimos todos.
En conclusión, nadie en su sano juicio
puede desconocer que la inflación es un problema. Pero “El Gran Problema” no es
en sí el aumento de precios, sino las políticas con que se lo enfrenta y quien
capitanea el buque en la tormenta. Y aquí está la razón de que resulta conveniente para
el radicalismo llamarse a silencio en vez de intentar payasadas publicitarias.
Ya lo dijo Ricardito, hijo del papá que la sabía lunga: “el problema es la torpeza”
o algo así. CARADURAS...