miércoles, 21 de septiembre de 2011

Que porquería la Primavera!

Señores, otra vez nos vemos sometidos a la oprobiosa, pagana y discriminatoria costumbre de celebrar el inicio de un equinoccio. Pero no es momento de preguntarnos que ha hecho la primavera por nosotros, sino, que hemos hecho nosotros con la primavera.


Desde los lejanos tiempos de que Vivaldi compusiera “Las Cuatro Estaciones”, o desde que Sandro Botticeli contempló extasiado de satisfacción su recién culminada “Consagración de la Primavera”, la humanidad toda se ha empecinado en degradar la llegada de la estación que simboliza el reinicio del ciclo de la vida. Siguiendo la impronta del consumismo que nos impone la caducidad programada de los productos, la instancia astronómica ha sido subsumida en la mera advocación de la insustancial ornamentación floral y de los efímeros amores de ocasión.

Todos sabemos que, para calvario de los noctámbulos, las noches son más breves y amanece más temprano, que los pajaritos dan rienda suelta a su desenfado sexual, aturdiéndonos con sus trinos desafinados desde el alba y defecando (inmisericordes con las patronas) sobre las veredas de los barrios.

Pero no creo justa la venganza de lanzar a parques, plazas y paseos multitudes de adolescentes exudando hormonas, que desencadenarán revolcadas masivas sobre la hierba tierna, ahuyentando con sus retozos aves, pequeños mamíferos, reptiles, batracios, arácnidos e insectos útiles, produciendo un impacto ambiental que representa una seria amenaza a la sustentabilidad de los ecosistemas urbanos. Ni justa, ni racional. Porque volverán al ocaso a sus hogares, sucios, ebrios e infectados de bichos colorados, clamando por alcohol y caladryl.

Pero los ahora adultos hemos sembrado deplorables ejemplos. La empecinada voluntad reivindicatoria que Igor Stravinsky expresada en 1913, fue medio centenio después impunemente denostada por los sacerdotes vernáculos del culto a Orfeo.

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Incluso, la ola de apostasía arrastró a alguno de los íconos de la cultura nacional y popular, importándolo desde otro ámbito insospechado, supuesta tierra yerma para el ternurismo fácil.

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El intérprete nos propina un devastador cross a la mandíbula, un letal gancho a la zona hepática, que parece no tener más objeto que hacernos revivir el dolor de aquella velada del 7 de diciembre de 1970, en que la esperanza del título de los pesados fue sacrificada para dar nuevo significado al mito del Macho Argentino.

Por supuesto que los ’90, Tinelli de por medio, también fueron capaces de escribir páginas infames (conocidos por entonces como “temones” o "jitazos"), también en esta materia.

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Miren a esa gente en Viña del Mar… después nos preguntamos cómo los chilenos llegaron a Piñera y el por qué de la crisis educativa. Es perfectamente entendible por qué los jóvenes trasandinos actuales no están dispuestos, bajo ningún pretexto, a repetir el tan triste espectáculo que brindaron sus padres.

Volviendo a Botticeli, las artes gráficas (mayores y menores) no se han resignado a ir a la zaga en esta oprobiosa historia de degradación, pese que la ciencia ha sido en extremo generosa a la hora de regalarle nuevas técnicas de composición. Las imágenes que comparto a continuación (no aconsejables para personas impresionables ni aptas para espíritus sensibles), me eximen de cualquier lastimero comentario proclive a profundizar aún más la irredimible depresión en que este post habrá sumido a sus lectores.  







Desde el más bajo escalón de la perversión, llegamos a instar a nuestros propios retoños a imitar tan deplorable estética. Desvinculándonos del riesgo del ridículo al que los sometemos, perpetramos una huella mnémica que quizás, el día de mañana, los transmute en asesinos seriales, o peor aún: en periodistas independientes, curas o monjas.

Frecuente fuente de conflicto familiar. El nene
trajo esto de la escuela y mamá tiene que
tender la ropa.

Un clásico de la salita de 4. Ya se induce a los pequeños a
comprender que,  en el mundo capitalista,
estarán al horno y con papas.

Afortunadamente, desde la simpleza del trazo de tinta sobre el papel, algún alma vengadora, nos propone otra mirada revisionista que pretende poner punto final a tan florida decadencia, y, subliminarmente, nos invita a una airada rebelión de ribetes épicos, gesta a la que desde aquí me sumo insuflado de convicción libertaria. 






2 comentarios:

Pibe Peronista dijo...

Excelente semblanza primaveral don Rucio! Y, nobelza obliga decirlo, Feliz Primavera!!

profquesada dijo...

Rucio, que desesperanzada mirada sobre el mundo moderno, dan ganas de irse al Nepal, a Katmandú a ver si podemos recomenzar las experiencias espirituales truncadas por las realidades de la lucha por la liberación.
En realidad si es solo por la búsqueda del buen gusto y el disfrute de la vida puede uno ahorrarse el viaje, que además es caro. Feliz día del equinoccio de primavera. El polen ya se esparce por el aire, con donaire, con donaire....