viernes, 9 de septiembre de 2011

Mentime que me gusta...

¿Es “la verdad la única realidad” como dice el apotegma peronoaristotélico? ¿o existe una multiplicidad de verdades paralelas que se adaptan a las necesidades de cada cual que pretende ser dueño de una verdad relativa?

¡Ojo al piojo! Que esta última variante suena muy atractiva y suele seducir a los espíritus democráticos y libres para atraerlos a sinfines de interpretaciones lucidas y abstracciones especulativas. En mi limitante carácter de burro, yo rechazo la idea de la multiplicidad de verdades, ni siquiera acepto la parcelación de la verdad a efectos de satisfacer la egoísta vanidad de sentirse dueño de una porción. Las cosas son tal cual son, verificables, cuantificables, experimentables, o no lo son. Para mí, no existe “mi verdad relativa”, como tampoco existen "verdades a medias".



Y a no confundir esta afirmación con una pretensión autoritaria, para nada. Porque cabe sí distinguir otra cuestión, las posibles interpretaciones de la realidad, los disímiles cánones de valoración, los cuestionamientos de los por qué, los para qué y los por donde, que, en definitiva, tanto como inequívocamente aceptables y necesarios, no son más que subjetivos cristales a través de los que se observa un objeto único.   

Por ejemplo: es discutible la cuestión de porqué existe una adhesión mayoritaria (y variable, por cierto)  al modelo político-social y económico que se va instalando desde el advenimiento del kirchnerismo. No es discutible la realidad de que el pasado 14/8 la actuación global durante estos 8 años ha sido refrendada popularmente, expresándose más de la mitad de los votantes en ese sentido, dentro de las reglas que rigen el sistema democrático. No es discutible el hecho que, a la legitimación de origen, ahora se añade una ratificación de la confianza, mucho más amplia que la “genética”, basada en la actividad concreta desarrollada. Es evidente que quien eligió votar la reelección de Cristina, no lo hace por una mera especulación de lo que puede llegar a hacer, sino que, además, cuenta como argumento lo ya hecho y el rumbo adoptado. Caen entonces en la basural de los recuerdos infames la opereta campera preanunciada por Miguens en la inauguración de la Rural’07 (en agosto, mucho antes de la sanción de la R-125) y que sacudiera a Cristina desde las rutas cortadas durante 2008; el escandalete montado sobre las valijas de Antonini Wilson (tapa de Clarín justo el día de lanzamiento de Cristina); el supuesto escándalo Skanska, entre tantas otros maniobras que intentaron esmerilar la imagen e impedir la continuidad de este gobierno.



En el fondo, los cultores de la relativización de la realidad, son conscientes del error de su planteo, y aunque lo siguen sustentando, se inclinan por otras tácticas: desde el ocultamiento malicioso (mediante el “cerco mediático” que le llaman: no hay obra o acción de gobierno que merezca una cobertura significativa), pasando por el agitamiento de amenazas (miren que ahora va a reformar la constitución, va a perseguir a los periodistas independientes, va a desguazar la justicia), la fabulación y la tergiversación, hasta el desconocimiento doloso y la manipulación de los parámetros objetivos sobre los que se asienta realidad y la hacen palpable y mensurable.

En este sentido, ejemplifica la extemporánea denuncia de Duhalde (basada en los telegramas del escrutinio provisorio cuando ya se había realizado el escrutinio definitivo sobre las actas de mesa), que no es más que una patética reedición de las alertas de fraude con que Carrió amenizó las pantallas antes y durante las elecciones de 2007 y 2009. El juego es simple, si no tenemos los votos necesarios, ponemos en duda que los otros los obtuvieran. Confesó, desnudando su intención, el garca de pedigree de Federico Pinedo: una vez que se instala el fraude no se puede erradicar. Debió haber dicho, en honor a la verdad, que su pretensión fue instalar la idea de que el próximo gobierno de Cristina  es producto de un fraude, como un prejuicio de improbable erradicación que serviría para cuestionar cualquier acción de gobierno futura.

Si los números (¿existe algo más objetivo que la cuantificación?) no favorecen, no existen los números. Como no podemos aspirar a discutir “su verdad”, cuestionaremos su procedencia, su composición. Como no podemos negar que 1+2=3, diremos que la cuenta está mal porque en el lugar de 2, debió contabilizarse 1 (si son votos oficialistas), o 3 (si son opositores).

Y si lo pensamos, estamos frente a una lógica perversa de deslegitimación permanente, axiomática,  cuya mecánica es la manipulación numérica, es decir, de aquel elemento referencial más fiel para medir cualquier cosa, incluso dentro de una sociedad. Cualquier logro alcanzado por el gobierno nunca podrá ser apreciado en su magnitud si no puede ser cuantificado, o si esa cuantificación pierde su carácter de referencia objetiva. Si se cumple el objetivo de lograr tal descreimiento, nada tendrá valor y todo lo que se diga podrá ser relativizado (incluso a fuerza de mera reiteración, ni siquiera es necesario argumentar en contra). Así se crea el caldo de cultivo para la proliferación de las “realidades” paralelas, para parcelar la verdad a partir de dinamitar los índices de cuantificación. Carecen socialmente de sentido, entonces, desde los números que demuestra el incremento de la matrícula escolar, el incremento de la mano de obra ocupada, los kilómetros de gasoductos, los aumentos de las exportaciones, las mejoras de las jubilaciones. Incluso, la propia legitimación democrática queda expuesta a la duda.



Atacados los parámetros y reducidos al descrédito, no hace falta demostrar que no se construyeron en 8 años más de mil escuelas, ni que la AUH no  tuvo fuerte impacto en la escolarización. Basta afirmar que en la escuela tal faltan bancos para que “el sentido común” deduzca que no se ha avanzado nada en materia educativa.

Y, a la destrucción del criterio objetivo de evaluación, se sucede la invención de nuevos “índices”.

Este post de Mancuso, que refiere a un análisis hecho por Clarín sobre el acceso al agua, es demostrativo de estos ejercicios de manipulación. Por los títulos de Clarín nos enteramos que, según el Censo 2010,  “Acceder al agua (es) una odisea para 5.000.000 de argentinos. El estado no garantiza la cobertura al 100% de la gente. Sólo en el GBA hay 800.000 hogares en situación delicada”.  Si sólo nos quedamos en el título y la bajada, nunca nos enteraremos que la “odisea” consiste en no tener agua de red sino de pozos artesianos con o sin bomba motorizada o acceso a agua potable de manera suficiente y permanente por otros medios, e incluso que, entre los argentinos a quienes el Estado no les garantiza el acceso al agua, se encuentran aquellos a los que el servicio se los brinda una cooperativa de agua potable. La escandalosa cifra tirada por Clarín, representa la friolera del 12,5% de los argentinos.

Clarín inventa un nuevo parámetro para suplantar al criterio de la OMS respecto al derecho al acceso al agua potable, mundialmente reconocido y aceptado como indicador sanitario y de desarrollo: “UTILIZACION DE FUENTES MEJORADAS DE AGUA POTABLE” (acceso sostenible a agua potable: incluye agua corriente, pozos entubados, pozos excavados protegidos, manantiales protegidos, etc., en cuanto el suministro sea suficiente y potable), según este indicador la cobertura alcanzada por argentina es del 97%, es decir, el sector de la población que podríamos considerar con problemas de acceso al agua potable es al 3%, y no al 12,5% por el que se queja Clarín. Otro dato del que no nos enteraremos si somos clarín-adictos es que en los ’90 el porcentaje de población con carencia de este tipo era exactamente el doble, mejorando sustancialmente en este aspecto la población rural que pasó del 72 al 80% de cobertura (Fuente Estadísticas Sanitarias Mundiales 2010 - OMS).

Como ven, criterio de cuantificación que no sirve a los efectos discursivos, se cambia.

Y si para muestra de manipulación no basta un botón, los invito en próximos post a revisar la crisis del campo, la violencia social, la inflación, la corrupción y hasta las elecciones.


5 comentarios:

profquesada dijo...

Muy buen post Rucio, a puro dato nomás. Van a decir que la OMS está cooptada por el gobierno y que sus cifras no son creíbles. Igual la realidad no se puede cambiar y ese elemento explica el 50 y pico% de apoyo a Cristina. Apoyo totalmente tu análisis de la noción de verdad, no tengo problemas con la "subjetividad" siempre y cuando el marco desde el cual se lee la realidad esté explícito, porque de esa manera no hay engaño ni manipulación. Ahora bien ese marco puede ser doxa (opinión) o episteme (conocimiento fundado) y la trampa en el caso que denunciás es disfrazar de episteme algo que no lo es y dejó de serlo por la manipulación de categorías que vos muy bien dejaste en claro. Lo de clarín y sus satélites es terrible por lo sistemático, hasta es agobiante. Si vos el concepto fundamental "acceso al agua potable" no lo definís a lo hacés con un criterio totalmente arbitrario y en consecuencia no comparable, el resultado nunca es episteme, puede ser cualquier otra cosa menos conocimiento. Es el viejo truco de vender gato por liebre.

Daniel dijo...

Me encantó el discurso ultra liberal-conservador de Miguens. Faltaba que ingrese Onganía en carroza-
Muy bueno, pero que digo muy bueno; excelente.

Pibe Peronista dijo...

Briyyyaannnte, amigo Rucio!

Abrazo

Adán De Ucea dijo...

Clarísimo y cuantificado. Pero algo hay que agregar para que no sea todo festichola, eh?
En la vieja, la "encuesta" o el "ensayo" de las PASO. En la nueva (?), la Boleta Única... qué sé yo, me dicen el acotador! (??)
Abrazos.

Rucio dijo...

Paciencia Adan que eso es materia del tercer capítulo. Daniel, ya volveremos sobre Miguens y su discurso. El aporte del profe queda para el cierre.
Pibe, ud. es uno... me va a hacer creer que me quiere bien.