sábado, 15 de octubre de 2011

Una muestra de la inmoralidad del periodismo pseudo-independiente.

G. es una persona afectada de una discapacidad intelectual severa. Por tal motivo goza de la especial protección de la Ley y debiera gozar de una particular atención del Estado y de los miembros de una sociedad.

Se lo ve habitualmente por la zona oeste, arrastrando un carrito (suele ser un gran y destartalado camioncito “duravit” o un cochecito de bebés de juguete) lleno de los más disímiles restos de objetos mezclados con pedazos de pan, y acompañado eventualmente por un cortejo de perros sarnosos y hambrientos, deambulando entre canciones futboleras hasta altas horas de la noche. Cualquier conglomerado de personas en la zona, reunidos por el motivo que fuere, cuenta con la infalible presencia de G., presencia que nunca pasa desapercibida porque meticulosamente levanta su mano derecha ante cada rostro conocido, mirando fijamente a los ojos del interlocutor mientras exclama “¡Tío!”. Quizas sea la forma que tiene G. de reclamar lo que le pertenece  y se le niega.

Hay quienes se aprovechan de esa visibilidad impotente y estridente de G. Desde hace días lo arroparon con remeras blancas que invitan a votar al candidato a Senador bustista Rubén Adami, descuidando como al pasar sus pies descalzos y el resto de su pobre atuendo.



Alberto Pierotti es una persona afectada de una discapacidad moral severa. Sin embargo goza de la especial protección de la ley amparándose desde sus columnas impresas en la libertad de expresión, a la que considera un privilegio propio.

Se lo lee habitualmente en el trisemanario El Entre Ríos, arrastrando complicidades con poderes ocultos en las sombras, que suelen encontrar en él un intermediario eficaz para comunicar lo que no les es conveniente decir por boca propia. Este verano cubrió un accidente diciendo que la víctima conducía alcoholizado una moto, responsabilizándolo de las lesiones que sufrió. Resulta que la víctima era un joven abstemio (me consta, lo conozco) que volvía del trabajo y el accidente se produjo porque una empresa de radio de Concepción del Uruguay  tenía extendido un cable de lado a lado de la calle, a la altura del cuello del motociclista, sin señal de alerta, sin medida de precaución o seguridad alguna.

No suele arrimarse a conglomerados de personas cualesquiera, salvo los de determinados grupos de personas que gozan de su servil y rentada obsecuencia. Por eso debe ser que los actos barriales que impulsan las candidaturas de Marcos Luciani-Urribarri-Cristina no suelen encontrar demasiada cobertura en las ediciones de El Entre Ríos, como sí la tiene cualquier escuálida declaración de Rebord o sus seguidores. En otras épocas, gustaba pasar desapercibido e incluso en sus columnas intentaba que pasen desapercibidas sus simpatías, pero eran otras épocas.

Quizás sea desde el momento que se transformó en empresario de grotescos espectáculos de travestis y de transformismo, en que empezó a  latir un llamado farandulero y olvidó los pruritos que le reclamaba la ética periodística. Hoy reclama abiertamente desde su colorida verba anti-K el reconocimiento que como militante de causas inconfesables cree merecer de sus clientes y favorecedores. Para hacer propaganda no resulta necesario malvestirlo como a G., alcanza con “forrarlo”.



Alberto Pierotti, quien nunca destinó una línea a la situación de G., lo descubrió una noche. Y fue noticia.

En una capciosa cobertura de una acto de Marcos Luciani en el barrio Tiro Sur, Pierotti hace gala nuevamente de su capacidad de ensamblar hechos e imágenes, y de generar un artificial ruido, pero a diferencia de aquellas notas del fantasma del Barrio El Ombú, esta vez su actitud se denuncia a sí misma en su descarada intencionalidad y grosera parcialidad.

Encubriendo su malicia en una moralina retórica, pretende dibujar la explotación de la condición de G., pero su perversión lo pierde e incurre en la misma supuesta condenable conducta que pretende denunciar: saca fotos a G., primerísimos planos, las publica en el diario y las levanta en su edición digital, multiplicando por miles el escarnio.

Bien sabe Pierotti que montajes escandalosos suelen ser un buen recurso para aumentar las ventas del alicaído trisemanario conservador (y por eso ahora desembozado órgano de prensa oficial del bustiadamirebordismo), pero los cerebros entrenados en urdir este tipo de operaciones de prensa suelen verse al espejo como la sublimación de la inteligencia, y suele carcomerles la duda respecto a si sus lectores podrán entender su ¿sutil? mensaje. Porque en definitiva, desde su soberbia, suelen ver a sus propios lectores como una masa infradotada susceptible de ser manipulada.

Y es cuando muestran la hilacha explicitando sobreabundancias que develan la real intención   y el real estado de sus aspiraciones. Escribe extasiado Pierotti en el momento cúlmine de su montaje: “Cuando parece que hemos superado etapas en la convivencia política entre los argentinos, siempre aparecen algunos grupos que recuerdan aquel viejo episodio de Herminio Iglesias en ese famoso acto de cierre de campaña en el que incendiaba un “Cajón” con las siglas de otro partido”.

Confesaste: armaste una operación de prensa para atribuirle a Marcos Luciani un acto asimilable a la quema del cajón por Heminio Iglesias. Pero también confesaste tu propósito: sos consciente que a tus sponsors Busti, Adami y Rebord los espera una cruel derrota el 23/10, porque conocés (aunque no publicás) lo que dicen todas las encuestas, y sabés que solo un milagro (o una magnífica puesta en escena) puede revertir esta historia.


Buen intento Pierotti… hasta me hubiese causado gracia si no hubieses sido tan miserable y perverso de mezclarlo a G. (fotos incluídas) en tu jugada.



AGREGADO: Después de publicado este post, me doy cuenta que a la nota no la firma Alberto Pierotti. Por supuesto, es de esos libelos vergonzantes de los que nadie quiere hacerse cargo, pero le conozco la letra.
En su lugar firma TOMAS ANTONIO DIAZ, un ignoto y primerizo personaje. Pero además de la letra, también le conozco las mañas, por ejemplo, la de ser afecto a los anagramas. Tomás Antonio Diaz es un anagrama de "ANTIDOTO ANTI NAZI", los nazis vendríamos a ser nosotros ¡JE! 


Pero ojo con los juegos del inconsciente, también es anagrama de "onanista modozita", "nota nazi sodomita" y de "notá si di manotazo".

9 comentarios:

Moscón dijo...

Aclarame algo,¿está mas cerca del carancho o de la rata la personalidad del periodista?

Rucio dijo...

Hmmm... no sé Moscón si por el lado de los vertebrados ¿molusco gasterópodo del orden Pulmonata sin concha tal vez?

Pibe Peronista dijo...

Como sea, el tal Pierotti la tiene adentro! Brindemos cumpa!

Rucio dijo...

Si Ud. lo dijo... jamás me atrevería a contradecirlo.

Daniel dijo...

Una mezcla de José de Zer, Majul, Morales Solá, Adrián Ventura y Gomez Fuentes.

Ricardo dijo...

Muy buenos los anagramas del final y excelente la nota, Rucio.
Es una suerte que cada vez más gente esté prevenida de estas operaciones de prensa. El debate por la Ley de Medios y la pelea con Clarín sirvieron para eso. Enhorabuena.

Abrazo.

Daniel Mancuso dijo...

Ah, entonces la lacra periodística no se acaba en Lanata... ¡mierda, hay más!

Anónimo dijo...

¡Ni ahí de respetar la libertad de expresión del tal Pierotti! Muchacho, esto no es una dictadura, pretendaos vivir en Democracia. intentelo y verá que bien se siente. No se Cómo poner mi nombre abajo, así que me identifico, aún con el miedo a la represión del régimen, QUE HOY SI NO ESTAMOS DE ACUERDO MEJOR CALLAR PARA EVITAR EL ESCARNIO, ACOSTA,CRISTINA ELIZABETH. DNI. 13549346.

Rucio dijo...

Doña ¿conoce Ud. que significa, técnicamente, la expresión libertad de expresión o acaso ha consumido acríticamente la versión empalagosa de los medios dominantes hasta el empacho? Ilústrese en vez de repetir como loro slogans infundados. Y póngase de acuerdo, si esto no es una dictadura ¿por qué tiene temor a la represión del régimen? A sí, por supuesto, que Ud. me muchachee y me diga que "intente vivir en democracia" es libertad de expresión, que yo le marque las falencias de su razonamiento, es escarnio. No sea tan hipócrita como el ladrón que defiende.