viernes, 3 de febrero de 2012

NO, NO y NO (Nudo... flor de nudo)

(si no lo hizo hasta ahora, antes lea la primera parte)

Comparto y suscribo ardorosamente la expresión del compañero populista provinciano, gobernador peronista sanjuanino, Dn. José Luis Gioja: “los ambientalistas quieren ver los negritos en sus ranchitos”, fundamentalmente PORQUE TIENE RAZÓN. Y de paso, repudio todo el cínico escandalete que tanta gente linda bien pensante armó en torno a semejante verdad de Perogrullo. 


Ud. me dirán que cómo nos van a ver desde afuera, que un estudioso del primer mundo, un catedrático sueco, jamás diría semejante cosa. Mentira, hace poco en una entrevista Hans Rosling dijo algo parecido: los estudiantes y ecologistas suecos (después lo extendió a los gobiernos y empresas del primer mundo) “tienen la esperanza que esa gente (de los países periféricos) va a seguir tocando la flauta bajo un árbol de mango”. Nadie se horrorizó y Rosling sigue con su agenda recargada de conferencias en universidades y núcleos empresariales europeos y norteamericanos.


Y explica por qué abrigan esa esperanza: “no todo el mundo puede vivir como nosotros”, y tiene razón, no todos podemos vivir como ellos, mucho menos, como los norteamericanos.

Si todos los habitantes del mundo consumiéramos los 21.6 barriles de petróleo crudo por año que consume norteamericano (1/4 del consumo mundial), el total de las reservas mundiales de crudo durarían apenas 8 años en vez de los 40-50 que se estiman actualmente. Si consumiéramos per cápita como los chinos, las reservas durarían 80 años y si lo hiciéramos como los indúes, 200. Si el parámetro de consumo fuera el argentino, brasilero, o ruso, andaríamos más o menos en la duración de las reservas estimada globalmente. En cambio el consumo medio de los franceses, ingleses, alemanes y japoneses, terminaría el petróleo en 15 años.

Como quien consume, desecha, tomamos también en cuenta el caso de la emisión de gases que producen efecto invernadero: EEUU produce alrededor de 6000 millones de toneladas de CO2, es decir 20 Tm per cápita anuales (20% de la emisión mundial). Si todos los habitantes del mundo siguiéramos su ejemplo, la emisión de CO2 se quintuplicaría. En cambio, si todos los habitantes del mundo emitiéramos como los chinos (cuyo país es el mayor emisor mundial), la producción mundial de CO2 se mantendría en el actual nivel. Sin embargo la posición de los EEUU respecto a la emisión de gases que producen efecto invernadero es que la cuestión del cambio climático no puede resolverse sin una “regulación” de China e India (bueno, si todos emitiéramos como los indios, la emisión global sería el 25% de la actual).

EEUU consume el 25% de la energía mundial, contando apenas con el 4,5% de la población del globo, la tierra debería producir 555 veces más energía si todos consumiéramos igual. Y así podríamos seguir analizando el consumo de alimentos, la producción de basura, etc., sin que la conclusión se modifique: el “american way of life” no es sustentable, mucho menos es exportable. Para que todo el mundo pudiera tener acceso equitativamente a ese nivel de vida, la población global no debería exceder las 1.250.000.000 personas, es decir el 18% de la actual, o debiéramos contar con los recursos de 5 mundos para sustentarla.

¿Ven por qué le damos la derecha a Rosling? Para seguir viviendo como viven en el primer mundo, necesitan que nosotros nos quedemos tocando la flauta bajo un árbol de mango, si aspiramos a desarrollarnos (no al mero crecimiento económico) y al “bien vivir”, o no alcanzan los recursos naturales o ellos deben renunciar a buena parte de su situación de privilegio, aunque más no sea a la suntuosidad.

 
Ahora bien… ¿por qué aplaudo a Gioja cuando acusa a los ambientalistas vernáculos de lo mismo que Rosling acusa a los privilegiados del primer mundo?



Por estos pagos se dice que al chancho hay que pegarle para saber quién es el dueño. Cuando hace poco la justicia egipcia ordenó el allanamiento de varias ONGs para estudiar el presunto financiamiento ilegal y foráneo de las mismas (acá), el primero que puso el grito en el cielo fue el Departamento de Estado Norteamericano (acá y acá)…

Ya por el año 2000, James Petras acusaba genéricamente a las ONGs : “Desde el principio de la década de los 80, las clases dominantes neoliberales, junto con el gobierno de Estados Unidos y gobiernos europeos, se percataron que las políticas del "libremercado" estaban polarizando a las sociedades en América Latina. Mediante fundaciones privadas y fondos estatales empezaron a financiar a las ONG, mismas que expresaban una ideología contra el Estado y promovían la "autoayuda". A finales de este milenio, existen unas 100 mil ONG en todo el mundo que reciben cerca de 10 mil millones de dólares y compiten con los movimientos sociopolíticos por la lealtad de las comunidades militantes”… “Lo importante aquí es que las ONG despolitizaron a sectores de la población, ignoraron sus compromisos hacia actividades del sector público y se valieron de líderes sociales potenciales para la realización de proyectos económicos pequeños. En realidad, las ONG no son no gubernamentales. Reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agencias subcontratadas por gobiernos locales. Igualmente importante es el hecho de que sus programas no son calificados por las comunidades a las que ayudan, sino por sus benefactores extranjeros. Es en ese sentido que las ONG sabotean la democracia al arrancar programas sociales de las manos de las comunidades y de sus líderes oficiales, para crear dependencias a cargo de funcionarios no electos, provenientes del extranjero, quienes eligen y ungen a sus interlocutores locales. La ideología de las ONG en cuanto a sus actividades privadas y voluntarias destruye el sentido de lo "público"; la idea de que el gobierno tiene la obligación de procurar a todos sus ciudadanos. Contra esta noción de responsabilidad pública, las ONG fomentan la idea neoliberal de una responsabilidad privada hacia los problemas sociales y la importancia de los recursos para resolver estos problemas. De tal suerte, las ONG imponen una doble carga sobre los pobres: el pagar impuestos para financiar a un Estado neoliberal que sirve a los ricos; y el autoexplotarse de manera privada para satisfacer sus propias necesidades. Muchos de los líderes y militantes de las ONG son ex marxistas o "post marxistas", quienes toman prestada mucha de la retórica referida a "dar poder al pueblo", "el poder popular", "la igualdad de género" y "el liderazgo de las bases como el único que logra legitimidad", mientras que alejan la lucha social de las condiciones que marcan la vida de las personas. Las ONG se convierten en un vehículo organizado que permite la movilidad social ascendente para desempleados o profesionistas ex izquierdistas mal pagados. El lenguaje progresista disfraza el núcleo conservador de las prácticas de las ONG. Ejemplo de esto es el hecho de que la naturaleza local de las actividades de las ONG tiene siempre que ver con "dar poder", pero los esfuerzos de estos organismos rara vez van más allá de una influencia en pequeñas áreas de la vida social, utilizando los recursos limitados y siempre dentro de las condiciones permitidas por el Estado neoliberal. En lugar de dar educación política sobre la naturaleza del imperialismo y sobre las bases clasistas del neoliberalismo, las ONG discuten sobre "los excluidos", "los indefensos" y "la extrema pobreza" sin jamás pasar de sus síntomas superficiales para analizar el sistema social que produce estas condiciones.” (artículo completo acá). Recordemos que ya a partir de los ’60 y ’70 la CIA realizó una incursión parecida metodológicamente, financiando la inserción de sectas protestantes en toda Latinoamérica para socavar la influencia de los sacerdotes tercermundistas. Es preciso subrayar una distinción clara, lamentablemente la denominación genérica de ONG no permite distinguir a aquellas que son agentes gentiles del neoliberalismo y del imperialismo, de aquellas que durante las dictaduras latinoamericanas se les opusieron y denunciaron su accionar (p.ej. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, SERPAJ, etc.) así como otras formas de organización popular genuinas que pretenden dar soluciones concretas a problemáticas sectoriales desde la iniciativa de los propios afectados. El inicial éxito de estas últimas y su inserción social, fueron la fuente de inspiración de la mecánica de infiltración denunciada por Petras.

El nuevo milenio encontró a las ONGs fuertemente arraigadas en Latinoamérica y el mundo (estimativamente, unas 2000 funcionan como asesoras de distintos organismos de la ONU), y dispuestas a asumir el nuevo desafío que se le presentaba al imperialismo: la aparición de gobiernos populares que pretenden escapar a lógica neoliberal, imprimiendo a sus gestiones una impronta desarrollista y de inclusión social, reasumiendo el Estado el protagonismo y las funciones sucesivamente abandonadas o delegadas durante el período de sumisión impuesto desde los 70. La reivindicación de la política como articuladora y direccionadora de los esfuerzos de toda la sociedad (en reemplazo de los caprichos del mercado) resulta odiosa a la lógica de las ONGs ya que impacta directamente en su razón de ser. Resulta lógico entonces que, naturalmente, se encrespen y reaccionen negativamente frente a los Correa, los Lula, los Evo o los Kirchner.

A la necesaria reasignación de funciones en pos de conservar la justificación de su existencia (y por qué no, las jugosas asignaciones económicas de las que venían siendo beneficiarios), no tienen por qué escapar las ONGs ambientalistas.

Según este impresionante artículo cuya lectura recomiendo fervientemente (¡reproducido por una ONG ambientalista!) su nueva misión es, ni más ni menos, que ratificar la exactitud de la expresión de Gioja:

“¿Hacia dónde apuntan los cañones de las ONGs ecológicas funcionales al imperialismo?  
1) generar la matriz de opinión de que los Estados Nacionales no tienen capacidad ni responsabilidad para proteger zonas y regiones de recursos naturales estratégicos. Bajo la figura de territorios considerados de “Patrimonio de la Humanidad”, extensas regiones, riquísimas en recursos de vida (biodiversidad, agua y oxígeno), pasan a ser administradas por ONGs especializadas en la materia desvinculando así a los Estados de su responsabilidad.  
2) facilitar a las empresas multinacionales y a los gobiernos imperialistas a adueñarse de territorios con el pretexto antes señalado. Las ONGs, supuestamente “independientes” de los Estados y los gobiernos, actúan como intermediarios de un proceso “no traumático” de traspaso de territorio de un país dependiente a un país capitalista desarrollado.
3) impedir el desarrollo industrial soberano de los países periféricos. Ante cualquier interés en instalar plantas industriales, empresas de alta complejidad, industrias básicas o industrias pesadas, aparecen miles de argumentos en su contra bajo el discurso ecológico, el posible daño al medio ambiente, las posibles enfermedades que produciría la contaminación, los peligros de los residuos tóxicos, etcétera. Es cierto que en la mayoría de los casos existen razones fundadas que justifican la alarma, pero el extremismo con que actúan las ONGs en estos casos, impide que se llegue a entendimientos racionales, a tomar medidas preventivas concretas con el aporte de la comunidad, el Estado, las universidades, las organizaciones sociales y toda aquellas instituciones involucrada en el tema.
4) dificultar a los Estados periféricos que, ejerciendo su soberanía, exploten sus recursos naturales de la manera que consideren más conveniente, sin injerencias extranjeras y atendiendo a la estrategia trazada en el camino de la liberación nacional y la independencia económica.
5) reinstalar la idea de que los países del Tercer Mundo no deben industrializarse, que la división internacional del trabajo debe ser sostenida a toda costa y que nuestro futuro radica en una suerte de regiones proveedoras de materias primas y bajo la tutela de organizaciones internacionales que custodiarán responsablemente el “uso racional” de los recursos naturales. La alternativa para los países periféricos no sería otra que la solicitud a los países capitalistas centrales para que contemplen la figura de “comercio justo” ante el deterioro masivo de los términos de intercambio. La industrialización, prerrequisito para cualquier política que pretenda llegar a la independencia económica, es un objetivo estratégico que será bombardeado por el imperialismo y sus cómplices.”


Releamos los puntos, y entenderemos por qué las ONGs ambientalistas proimperialistas nada (o muy poco) dicen sobre la contaminación producida por la intensiva utilización de agrotóxicos en el cultivo de la soja transgénica, pero sí se oponen a la desforestación de montes nativos para su expansión, montes que las ONGs pretenden administrar sin la injerencia estatal. O porqué nada dijeron sobre la deforestación de montes nativos para ser sustituidos por plantaciones de árboles industriales a gran escala (vg. Eucalipto, generador de verdaderos desiertos verdes, ya que impide la aparición de cualquier otra flora bajo su sombra, erradica todas las especies animales del territorio colonizado –excepción de víboras, ratas y loros-, consume enormes cantidades de agua superficial y subterránea y expulsa población rural por impedir todo tipo de otra actividad económica y por necesitar mano de obra no calificada sólo cada 7 años), pero sí reaccionaron con absoluta intransigencia ante la instalación de procesadoras industriales de esa materia prima.

Ahora podemos entender la “sintonía fina” existente entre la visión del mundo subdesarrollado que denuncia Rosling, y sus propagandizadores locales, las ONG ambientalistas funcionales al imperialismo (apelativo al que adhiere otra ONG ambientalista, JE!).

El mecanismo al que recurren para lograr su objetivo obstruccionista es simplista y reiterativo, pero no por ello poco eficaz: 1) trabajo de campo: relevamiento y concientización negativa; 2) activismo obstruccionista consignista; 3) reafirmación prohibicionista; 4) Negociación inclusiva de la ONG en la administración del recurso. Mientras la táctica se desarrolla, en medio de la detracción y de la impugnación de toda opinión divergente, los debates necesarios sobre el modo de explotación del recurso natural, su necesariedad y condiciones de funcionalidad al desarrollo humano sustentable y al progreso colectivo, las condiciones de inversión y la posibilidad de expansión de actividades conexas, y la apropiación de parte de la renta a favor del Estado, quedan marginados, fortaleciendo la posición negociadora de la empresa interesas (normalmente multinacional) frente al Estado, al que con el argumento de la seguridad jurídica y la protección de la inversión, se lo obliga a lidiar con un obstáculo adicional. Pero de esto nos vamos a ocupar en la próxima.

Mientras tanto, para que veamos que en todos lados se repite lo de Famatina, los dejo con el amigo Rafael Correa para que les cuente.



continuará.

7 comentarios:

Gringoviejo dijo...

Invalorable aporte compañero.Otro dato llamativo es que las protestas siempre son en paises del palo(Bolivia,Ecuador,Argentina)
y de la minería en Chile,Colombia,
etc. parece que nadie se queja,o a lo mejor la protesta existe y no es difundida por los medios, lo cual nos estaría diciendo casi lo mismo.Saludos.

@tilio ® dijo...

Interesantísimo punto de vista. Hace tiempo que estoy debatiendo estos temas con blogueros de la izquierda española. Pero no habíamos reparado en el tema de las ONG's, a ellos les preocupa muchísimo el tema petrolero. Y tienen reclamos parecidos por ejemplo con la extracción del petróleo no convencional, por ejemplo desde las arenas bituminosas, extracción que se realiza con un consumo de agua muy alto.
Mi opinión al respecto, es que el principal enemigo de una solución racional para estos temas, es utilizar una solución emocional.
Estos temas deben debatirse, y llegar a una desición concertada que se convierta en política de estado para muchos años.
Acá hay muchísimas cosas en juego, y muchísimos intereses divergentes.
Pero junto a los intereses foráneos, y los de los grupos económicos, estan en juego los intereses de los trabajadores, de
las provincias, la contaminación y el consumo de recursos no renovables como el agua.
Esto conforma una ecuación que debe ser analizada en su totalidad, y, una vez puestas todas las cartas sobre la mesa, decidir si se permite o no la minería a cielo abierto, o la extracción de petróleo no convencional.
Y una vez establecida como política de estado, mantenerla en el tiempo.
Si se decide no extraer, por ejemplo, habrá que analizar cómo se viabilizarán provincias que en los 90's eran consideradas inviables por el Banco Mundial, y hoy florecen con la minería. ¿Estará dispuesto el resto del país a financiar a estas provincias a cambio de no practicar la minería, una de sus principales fuentes de ingreso?
(algo parecido planteaba Brasil como respuesta a los reclamos conservacionistas del Amazonas. Estamos totalmente de acuerdo, pero ¿quién pone la guita que entraría explotando económicamente estos recursos nacionales?)
Porque ser conservacionista a costa del hambre ajeno, tampoco es una opción valedera.

profquesada dijo...

TODO ES CIERTO, buenísimo aporte Rucio. Pero el problema de fondo es el estilo de desarrollo y de consumo, tenemos que inventar uno que sea nuestro, no copiar el del norte, ese es insostenible. Parte del problema es que nuestras clases medias y parte de los trabajadores estables y mejor remunerados aspiran a eso a vivir como viven en el norte. Lo de las oNGs es cierto en su totalidad son cuerpos especiales tercerizados, hay que hacerles a ellos y a sus mandantes un corte de manga, pero con eso no terminamos de solucionar el problema. Nuestro problema es conciliar desarrollo, crecimiento y conservación con inclusión social, pavada de problema, no lo vamos a resolver exportando productos primarios eso está claro necesitamos desarrollo tecnológico propio para e mercado interno y para exportar bienes pensando en el mundo pero especialmente en la región, no hay que pelear con Brasil hay que adaptarse y complementarse. Tenemos cosas que cambiar lo digan o no las ONGs. pero el control lo debemos tener nosotros es decir el Estado Nacional, el nuevo Estado el Estado Popular. Un abrazo Rucio, muy bueno lo tuyo.

Pibe Peronista dijo...

Hoy se comieron otro palo de la Presi: "Qué raro que ningún ambientalista se queje de las botellitas de plástico; vamos por el vidrio, que no es contaminante y que es totalmente argentino"

@tilio ® dijo...

Profe: hoy voy a disentir con Ud. A lo largo de mi vida he pertenecido y/o fundado a varias ONG's. A saber : Un museo de ciencias naturales, un par de clubes, tres asociaciones de estudiantes (una secundaria dos universitarias),¡una religiosa! (siempre fuí ateo),dos bibliotecas,un par de cooperativas, y, en breve, un club náutico, si todo sale bién.
Las organizaciones del pueblo (así me gusta llamarlas mas que ONG's) son la expresión viva de la voluntad popular. El tema es que, tal como dice la nota que cita el amigo Rucio, y su propia nota, también son suceptibles de ser cooptadas por otro tipo de intereses.
Las instituciones de base, son el complemento perfecto de gobiernos como el actual. Y, en mi modesta opinión, la única posibilidad que tiene el gobierno en esta particular coyuntura de llevar a la práctica la famosa sintonía fina de la que tanto se habla.
Las grandes líneas de un gobierno, puede realizarlas a trazo grueso desde la superestructura, pero para afinar el trazo, tiene que basarse en aquellas instituciones con llegada al centro mismo del problema, y esas fueron, son y serán las organizaciones del pueblo.

Anónimo dijo...

Se equivocò con la frase por el contexto, pero hace tiempo vengo leyendo ese planteo sobre la posiciòn polìtica de lAS ONG. eN PÀGINA publicaron extractos de un libro(que no conseguì) Ecofacismo. Lola

Hilda dijo...

Excelente nota. Debemos bregar por el control del Estado, pero no un estado provincial que sólo "sectoriza" al país...
El Estado Nacional es el que debe regular y controlar las explotaciones territoriales. ¿se necesita modificar la Constitución? Debería ser un objetivo.
En cuanto al rol que cumplen las ONG, es de lo mejor que he leído.