lunes, 5 de agosto de 2013

De botar a que te voten... un mar de distancia.


Nadie puede dudar de la capacidad de los medios hegemónicos de armarte una tormenta en una palangana.

Siempre hay incautos suceptibles a olvidarse de la tormenta que se preparó en los noventa y desatada en 2001 fue superada, y confundir cualquier ondulación provocada por una piedra que cae al lago, con un tsunami desvastador. Los Magnetto, los Mitre y los Fontevecchia se frotan las manos ilusionados con ser capaces de provocar el naufragio del modelo, sueñan que, a río revuelto, ganancia de pescadores… pero, ¡hay! ¿Quién será aquel que logre pescar y se banque  la mojada de cola? Ahí es cuando empiezan sus problemas: hay muchos postulantes, demasiados, pero equipados con mojarreros con boyita de corcho, ni un medio mundo, ni un tramayo prometedor…



Si no hay, se inventa y se equipa: quien puede crear tormentas, puede inventar un capitán que la desafíe, y dotarlo de un barco esplendoroso y llamativo, capaz de atraer cardúmenes con sus luces de colores. Hasta acá, todo bien, los astilleros responden, la tripulación reclutada en mil puertos se alista. Pero ahora hay que enfrentar el desafío de botar la nao prometedora en medio de las mismas aguas que se ocuparon de agitar y enturbiar.

En primer lugar, hay que cuidar que no se escore demasiado a estribor (hacia la derecha para los no iniciados). Por la borda derecha suele hacerse agua con facilidad, y una vez que sucede eso, es sabido que el destino inexorable es tocar fondo.






Tampoco es conveniente que, en la maniobra de botadura, haya tripulantes a bordo, cualquier oscilación resultara perjudicial y manda al agua a los despistados que subieron sin tener demasiado en claro cuál es su rol específico.






También hay que ser cuidadoso con el equilibrio. Si alguna parte del bote toca agua con demasiada premura, puede hacer colapsar los aparejos tempranamente, es decir, cuando los artilugios de tierra aún no son capaces de amortiguar el descenso, lo que provoca catastróficas consecuencias, e incluso la temida vuelta de campana.






Lo peor es que, culminada la maniobra de botadura, recién puede ser puesta a prueba la capacidad de la tripulación. En el momento de zarpar comienzan la confusión de roles, suele cuestionarse la idoneidad del capitán, suelen generarse discusiones sobre el rumbo a adoptar, y lo peor de todo, aparecen de improviso todo tipo de polizones y náufragos con ínfulas suficientes como para pretender aportar su vasta experiencia adquirida en expediciones anteriores, ninguna de las cuales arribó a buen puerto.  

Todo lo que fue preparado por inexperientes armadores, debe salir a surcar las aguas tormentosas sin otro soporte que la escasa habilidad del capitán, sin bandera, sin cartas de navegación, sin destino, corrigiendo el rumbo una y otra vez según soplen los vientos, alejándose alternativamente de las márgenes derecha e izquierda sin saber donde se encuentra el canal que le evite más varaduras. Debe acometer la empresa frente a tripulaciones muchos más aptas, curtidas y organizadas, a cuyo paso es mejor apartarse, o te llevan puesto mientras, entre carcajadas, que te gritan “a buen puerto vas por leña” o "paso, paso, paso, se viene el peronazo".






Y en el agua no hay ramas salvadoras de las que agarrarse. Ni tractorazos, ni cacerolas, ni titulares de diarios que disimulen tu fracaso… 








3 comentarios:

Luis Quijote dijo...

Sin desperdicio.

Norberto dijo...

Y hablando de encuestas, un hallazgo de Adal de alguien que empieza a abrir el paraguas
http://1.bp.blogspot.com/-hXaBNf6rprI/UfwOxX8v9xI/AAAAAAAAJL8/V3RfxB_fNAk/s640/capturada4.jpg
Nosotros somos Ella, abrazos

Hilda Mendoza dijo...

Genial!!!!!!