miércoles, 6 de enero de 2016

Deskirchnerización: como el DL 4161 pero con alegría.



En el anterior post hablábamos de la deskirchnerización de la Ex ESMA, y concluíamos que su objetivo no era otro que desnaturalizar ese Sitio de la Memoria, menoscabando su contenido simbólico.


El macrismo, para sostener tal afrenta, atribuye a las políticas de Estado desplegadas desde 2003 una visión facciosa y alude a las necesidades de democratizar ese espacio y de instrumentar los DDHH para lograr la unidad de los argentinos. “Casualmente” ,hace exactamente 60 años, la misma línea argumental fue desplegaba por Aramburu al sancionar el Decreto Ley 4161/56 (texto completo aquí de prohibición de utilización “de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales, pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo”.

“Considerando: Que en su existencia política el Partido Peronista, actuando como instrumento del régimen depuesto, se valió de una intensa propaganda destinada a engañar la conciencia ciudadana para lo cual creo imágenes, símbolos, signos y expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas.
Que dichos objetos, que tuvieron por fin la difusión de una doctrina y una posición política que ofende el sentimiento democrático del pueblo Argentino, constituyen para éste una afrenta que es imprescindible borrar, porque recuerdan una época de escarnio y de dolor para la población del país y su utilización es motivo de perturbación de la paz interna de la Nación y una rémora para la consolidación de la armonía entre los Argentinos...”

Pero la pretensión de deskichnerización no sólo apunta a la cuestión de los DDHH, se expande como práctica en todos los ámbitos del Estado, la sociedad, la cultura, la economía, con el objetivo de conjurar toda comparación odiosa que pudiese relacionar los 12 años culminados el 10 de diciembre de 2015 con el actual régimen. En el ’56 se prohibía, en el 2016 la infamia ocupa el lugar de la prohibición. Se denigra, se bastardea, se insulta, se calumnia, pero todo con el altruista fin de cerrar “la brecha”.
La batería de instrumentos es extensa y variada, desde el “apagón” sufrido por el ícono de Evita instalado en las alturas del Ministerio de Desarrollo Social, al estado de sospecha ideológica que se cierne sobre la totalidad de los empleados públicos, de todos los estamentos y poderes, designados durante la última década (del que no escapa, siquiera, la Procuradora General de la Nación Alejandra Gils Carbó). El mote de “kirchnerista” fue transformado en la forma de estigmatización más poderosa, legitimador de cualquier arbitrariedad sobre quien lo porte, porque “algo habrá hecho” que no es necesario demostrar; y justificante también de cualquier impudicia perpetrada en pos de su exterminio, o (si no se puede) su destierro a la marginalidad política (para lo que, desde el Gobierno, desde los medios de comunicación masiva y desde alguna pseudo ortodoxia interesada en picotear el cadáver, se emprendió una quirúrgica tarea de vivisección, tratando de extirpar al kirchnerismo del amigable “peronismo que quiere la gente” ).
Deskirchnerizar se traduce también en la fiera persecución de periodistas, intelectuales y artistas “colaboracionistas” para construir una cultura y un relato monocordemente afín. Pero también en quitar la función asistencial al Estado, enajenándolo de las calamidades, para cederla a la ONGs y refundar la Edad de Oro de las Señoras de la Sociedad de Beneficencia.
Es instalar la desconfianza en la necesidad y la capacidad de la Política para armonizar intereses contradictorios en la sociedad y conducir la economía. Es parcelar la gestión del Estado a la medida de los intereses de las corporaciones transnacionales y de la oligarquía local.
Es definir en sentido inverso la redistribución de la riqueza, de la cultura y del poder. Es sustituir la utopía de la sociedad justa por la adoración al Mercado. Es trocar inclusión por exclusión.
Es declarar emergencias a troche y moche para ocultar la inflación, la pobreza, el desempleo, la inseguridad. Es endeudar por 3 o 4 generaciones, es despidos masivos en el sector público y aprietes para negociar a la baja los salarios, y también despidos en el privado.
Es declamrar con alegría el republicanismo, democracia, consenso e institucionalidad, mientras se desquicia el orden jurídico a fuerza de Decretos y desparramos de perdones y sobreseimientos al poder real.
Deskirchnerizar, en fin, es volver a colgar los cuadros de los que nos condujeron inexorablemente, durante casi media centuria, a la crisis del 2001. Dentro de 100 años, algún historiador irreverente escribirá “y así fue como el camino al infierno estuvo adoquinado de buenas intenciones de los deskichnerizadores”.

2 comentarios:

Hilda Mendoza dijo...

Deskirchnerizar... es lo más parecido a desperonizar...
Se prohibió nombrarlo. Era "el tirano prófugo"... Se eliminaron sus bustos, Se escondieron las fotos, los libros... Vamos por el mismo camino...
Mucho circuló en forma clandestina... El pueblo recupera su memoria aunque le cueste...
El Kirchsnerismo es una etapa superadora del peronismo...
Si implosionaron edificios a partir del 56, sólo por haber sido hechos con proyectos peronistas, ahora de qué no serán capaces!!!! Si se perfeccionaron, si saben las reacciones, si lo masticaron despacito en estos años y, si tuvieron "la sorpresa"!!!

Daniela Godoy dijo...

Excelente,como de costumbre, comparto y difundo.
Y lo invito a pasar por Calando la Piedra y dejar sus impresiones.
Abrazo