domingo, 3 de enero de 2016

Locura y normalidad, a pesar de Majul.



Seguramente, Luis Majul desconozca que Foucault concibió la locura como una “invención”, un producto de las relaciones sociales y no una realidad biológica independiente. Por ende, el desarrollo histórico de su concepto estuvo íntimamente relacionado con el de la ética y la moral social, justamente como una anomalía respecto a la creencia dominante de lo que debiera ser el “comportamiento correcto”.  


A pesar de la probable ignorancia del autor, sólo en esos términos es aceptable la antinomia “locura-normalidad” introducida en su reciente opúsculo presentado al público el 10/12 del año pasado. 

La “locura” de los 12 años de gobierno kirchnerista, resulta entonces palpable como anormalidad. En épocas en las cuales se había decretado el fin de la historia, donde el hegemonismo neoliberal pretendía cristalizarse en pensamiento único, donde los hechos sucumbían  ante el relativismo interpretativo, y donde la globalización trancó en la intelectualidad la posibilidad de apreciar los particularismos sociales, culturales o políticos. La incorregibilidad peronista había dado a luz una nueva experiencia populista destinada a ser combatida tanto por el bien-pensante criterio de las izquierdas dogmáticas como por los guardianes de los privilegios ancestrales, remozados con un colorido e in-significante  discurso (así como el packaging es capaz de relanzar exitosamente productos probadamente repulsivos).

Lo normal es la posmodernidad, esa caverna de sombras proyectadas por la antorcha catódica, donde el lenguaje no es pensado sino que moldea el pensamiento ajeno, y donde se establece el señorío del propalador del grito más fuerte y reiterado, porque la realidad se decretó inasequible, aún para los mortales que se bañan en sus aguas. Un relativismo absurdamente convincente, manipulable al extremo de hacer creer que mi sensación es la esencia de lo otro, con la misma facilidad que construye mi subjetividad, la malversa, la cuestiona, la deconstruye y la vuelve a construir en sentido absolutamente inverso, con la legitimidad que le irroga el utilitarismo. La locura es rebelarse a las oleadas sucesivas de incongruencias finamente dosificadas; la locura es plantarse, aunque más no sea, para sentir como las corrientes fluyen y se frustran al no poder arrastrarnos. 

Lo normal es la posmodernidad, ese laberinto de relativismos que divorcian al presente de la historia, que, no conforme con silenciar a Casandra, también condena a los troyanos a introducir una y otra vez el Caballo de Ulises dentro de sus murallas, con la esperanza de que esta vez el resultado sea distinto. La locura es pretender que Pandora mantenga cerrada la caja, que Sísifo logre estabilizar la piedra en la cima; que las sentencias de Sancho sean valoradas a pesar del prejuicio de los necios. 

La normalidad de Majul es aquella pared en la Granja de Orwell, esa donde una y otra vez los cerdos pueden reescribir la ley para que lo que ayer era abyecto hoy sea plausible; y lo que ayer fue plausible hoy parezca una jugarreta de la mala memoria. La normalidad es la nueva naturalización de la vieja injusticia de cambiar oro por espejitos, pero envuelta en papel de eufemismos brillosos.  

La normalidad, en fin, es esa zanahoria colgando a una cuarta del hocico del burro, a la que de a ratos se la llama futuro (de a ratos pobreza cero, de a ratos revolución de la alegría), que lo hace avanzar sin saber que su carga lo matará, exhausto, mucho antes de lograr alcanzarla.






4 comentarios:

Toto dijo...

Notable análisis con el que coincido totalmente.Lo único que le falto a la locura anormal fue concretar la locura de democratizar la comunicación, tras lograr eso todo será más fácil... y la locura será total.

Nando Bonatto dijo...

Es que anduvimos sin autorizacion y eso los volvio locos

Hilda Mendoza dijo...

La locura es "un período de gracia"... Viví un período de locura sin par desde que a aquel flaco que voté sin mucha seguridad, me dijo que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de "La Rosada"... Tímidamente decidí creerle y empecé a contagiarme de su furia... A Cristina la conocía de escuchar sus actuaciones en El Congreso (te acordás que en una época sesionaba???) y la admiraba... Aún no me habían enamorado... pero estaba ahí (como cuando en la adolescencia vas por n-ésima vez al lugar donde sabés que vas a ver a quien te desvela y te hacés el distraido -pasaba en mi época)...
Qué felicidad viví cuando ya pensaba que no lo iba a poder ver!!!... TODO lo que había soñado, empezó a ser realidad... ¿Estaría equivocada? ¿Yo oficialista? ¿Era el viejazo?... Pero... Estaban en ese lugar TODOS los que siempre había admirado... Diariamente se agregaban referentes (algunos más críticos, otros menos)... NO TUVE DUDAS, ESE ERA MI ESPACIO... Y fue "tan Mi Espacio", "Mi Gente" que ahora no tengo más que bronca... Claro que este tipo es un payaso-cipayo de cuarta... Un fusible que saltará apenas deje de servirles... Un hdp que está para hacer el trabajo sucio (y a él le encanta)... Además, está el problema de sus votantes, eso me bajonea y me entristece... ¿Por qué? ¿No entienden? ¿Es tan fácil llenar cerebros? ¿hay cerebros capaces de ser "llenados"? qué desazón!!!!!
Se pueden inocular pequeñas porciones de ponzoña hasta llenar un cerebro!!!!!!!!! Un cerebro perteneciente a un "otrora pensante" y que ahora sólo vomita bilis!!!!
Estoy intentando reponerme pero no puedo salir de mi asombro... Yo sabía!!! Pero es mucho más!!! más rápido, más general, más...
Tengo miedo que cuando salgamos del asombro sea porque dejamos de tener capacidad de asombro...
Ya "me escapé" del tema... Fui Feliz en mi etapa de locura, por suerte pude disfrutarla.

Chily dijo...

Solo tienen odio, suerte que hoy no pueden bombardear a las Madres en la plaza.