lunes, 4 de enero de 2016

El valor de la palabra según Macri (o como esconder un elefante en un estadio)




"Recuperar el valor de la palabra" fue uno de los objetivos que incluyó en sus discursos Macri al asumir la presidencia. El sentido de la asidua frase venía asociado a la promesa que debía cumplirse, a la fidelidad a la verdad. 

Sin embargo, en la acción de gobierno, parece que recuperar el valor de la palabra consiste en conferirle otro significado al dado por el uso corriente, o llamar las cosas de manera distinta. Así, el término “sinceramiento” vino a ocupar el lugar de “aumento” si estaba vinculado a precios o tarifas; lo que antes llamábamos “devaluación del peso” pasó a ser denominado “unificación del dólar”; los despidos en el ámbito público es reemplazado por “equipos más eficientes” y el achicamiento del Estado, desplazado por “modernización”, etc., etc. 


Un importante aporte a esta “recuperación” fue el que sirve de cierre a la nota de La Nación (3/1/16) titulada “Inició el Gobierno el plan para "deskirchnerizar" la ex ESMA”, y fue brindado, como cierre a la nota, por el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj: "los derechos humanos tienen que ayudarnos a unir a los argentinos". Me merece tres reflexiones: una conceptual, una paradojal y la otra contextual, las tres con la finalidad de señalar que la frase no hace más que desnaturalizar el sentido mismo de la palabra y dinamitar la referencia simbólica que se construyó en las instalaciones de la Ex ESMA.

La consideración conceptual está relacionada con la definición misma de DDHH. Los mismos han sido concebidos como herramientas jurídicas que tienen por objeto la protección de todos los aspectos de la dignidad de las personas, en un intento de garantizar un estatus mínimo universalmente aceptado. Son un producto que  expresa la síntesis de dos opuestos: la necesidad de reconocimiento del hombre como valor en sí mismo confrontando con el poder del Estado (históricamente) y de todo poder económico o mediático (modernamente). Esta dialéctica supone un conflicto: el uno amplía sus márgenes de libertades en desmedro del recorte de los poderes del otro. Los DDHH no han servido nunca “para unir”, la historia lo demuestra; incluso, una vez conquistado su reconocimiento siempre se encuentran sujetos a tensiones que intentan reducirlos o menoscabarlos (para muestra, valga un botón). 

La reflexión que he denominado “paradojal” ilustra un oximorón. La necesidad de “unir a los argentinos” ha sido esgrimida desde siempre (habitualmente bajo la forma de “reconciliación” o “perdón”) como argumento por aquellos que intentan eludir la responsabilidad (penal y social) por la violación sistemática a los DDHH perpetradas por la Dictadura Cívico-Militar. Es decir, la pretensión de “Memoria, Verdad y Justicia” ha sido vista como el principal óbice de la supuesta unidad entre represores y víctimas, entre explotadores y explotados, entre apropiadores y apropiados, y la remoción de esa política ha sido una exigencia terminante para garantizar la impunidad de aquellos actores que aún no han sido alcanzados por las sentencias condenatorias (principalmente ideólogos, empresarios y magistrados). Sostener entonces esta finalidad no implica otra cosa que desnaturalizar el concepto, quitarle el valor a las palabras para atribuirle otro significado regresivo.

La reflexión contextual necesita aludir a la siguiente cita: “el Gobierno ya invitó a otras organizaciones (Unicef, la ONU, el propio Inadi) a que muden sus oficinas a la ex ESMA, al igual que las asociaciones que defienden el derecho a la diversidad sexual. Incorporó bajo su órbita al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas” (la Comisión Interamericana de DDHH, el organismo internacional que jugó el papel más importante durante la Dictadura, se haya ausente de la lista). No se trata aquí de desconocer el aporte de estos organismos al ámbito de los DDHH, sino de indicar que su incorporación a este espacio físico desdibuja su acervo simbólico. 

La ex Esma tuvo destino de demolición en los ´90 como tributo a la reconciliación. Fue recuperada el 24 de marzo de 2004, cuando Néstor Kirchner pidió perdón por el silencio del Estado Nacional ante las atrocidades cometidos por la Dictadura, expresó la necesidad de que haya “una recuperación fortísima de la memoria y que en esta Argentina se vuelva a recordar y a recordar y a tomar como ejemplo a aquellos que son capaces de dar todo por los valores que tienen. Y hubo una generación en la Argentina que fue capaz de hacer eso, que ha dejado un ejemplo, que ha dejado un sendero, que ha dejado sus vidas, que ha dejado sus madres, que ha dejado a sus abuelas, que ha dejado a sus hijos, y hoy está presente en las manos de ustedes”. “En las manos de Uds.”, hacía referencia clara a los Organismos de DDHH empeñados en la lucha, ellos fueron los legatarios de la administración del espacio, no ese u otro gobierno nacional.

El título de la nota habla de la “deskirchnerización” de algo creado por el kichnerismo, bajo el pretexto (que se lee más abajo) de “no sólo … de ‘adueñarse’ del edificio… trabajar una agenda amplia en relación a esos derechos. Hay que democratizar el lugar en su relación con la gente", como si a "la gente", hasta ahora, se le hubiese prohibido o limitado su acceso a ese ámbito de Memoria.

La intención de Avruj, entonces luce obvia: una nueva tergiversación de los hechos y la palabra. Lo que no puede cerrarse (porque, como dice la nota, buena parte de la sociedad ya incorporó la “interpretación kirchnerista” de los DDHH) debe ser “apropiado” por el Estado, Y como no puede desalojarse a los Organismos de DDHH que fueron los legatarios de la administración del lugar, se lo “democratiza” de tal modo que su presencia pase lo más desapercibida posible. 

No creo apresurado afirmar que la Ex Esma está a punto de desaparecer tal como la conocimos desde 2004. En su lugar se erigirá un cúmulo de instituciones que poco o ninguna relación directa tuvieron con la lucha contra la Dictadura, demostrando una vez más que, para esconder un elefante en un estadio, no hay nada mejor que llenar el estadio de elefantes.



 

4 comentarios:

Iris van Kirsten dijo...

La amnesia presentada como virtud...pensandolo bien no es tan extraño. Después de todo la memoria es una de las primeras cosas que se le extirpa al vencido. Para que siga siendolo...

Hilda Mendoza dijo...

Esto es mucho más que vaciar de contenidos las palabras... Pretenden una lobotomía a la sociedad...
En determinado momento pensé que nos llevaba al 76... Ahora pienso que vamos 20 años antes... En cualquier momento impidesn nombrar a Cristina, al Kirchnerismo...
Hoy, prohibieron la entrada a los trabajadores del CCK... Cerraron el Instituto Dorrego... Tecnópolis es una pista de largada... Sólo podremos "apreciar" a Tinelli, del Sel...
Necesitamos URGENTE convocatoria de nuestros Diputados... ¿Dónde están?

Toto dijo...

Vienen por todo... y los DDHH es una de las banderas que mas odio les ha generado.

Michael Madison dijo...

La palabreja «deskirchnerizar» lleva, a poco andar, a «desnazificar», tarea que efectuaron las tropas aliadas en Alemania después de haberla derrotado. Tarea muy loable por cierto, pero que absolutamente nada tiene que ver con nuestra realidad presente. Pero la mala leche está, el eco infame alienta en la palabrita de marras.