miércoles, 20 de enero de 2016

Milagro Sala y el regreso de Carlos III.




El tiranuelo misógino de Gerardo Morales ha logrado reunir, en apenas un mes de gobierno, todos los condimentos para desatar la tormenta perfecta en esta nueva etapa de hegemonía neoliberal. Desde el desprecio a la institucionalidad, hasta el desconocimiento de la organización popular; incluyendo piscas de misoginia, clasismo y discriminación étnica,  y sin privarse de prácticas goebellsianas y altas dosis de cinismo, todo calentado a fuego fuerte en una olla a presión.




El nudo gordiano con el que está atando su propia gestión no deja de sumar actores, atrayendo la atención de foros internacionales de DDHH, poniendo así en riesgo serio de perforación el manto mediático del que goza el régimen macrista.

Tímidamente empiezan a aparecer comentarios en las redes sociales estilo “Milagro Sala es una tal por cual, pero…”, continuados por reflexiones que denotan que aun los propios (los penetrados por la estigmatización que viene sufriendo la lideresa social) empiezan a cuestionar los métodos y las pobres y contradictorias argumentaciones que pretenden justificar la privación de libertad.

Frente a las cámaras, los funcionarios que ofician de interlocutores del moralismo, deben ser rápidamente sustituidos por la insustancialidad de sus explicaciones: todas chocan indefectiblemente con el orden jurídico que dicen defender. Primero fue el impresentable Fiscal de Estado, quien afirmó que no habría excarcelación si los cooperativistas no abandonaban el acampe pacífico que vienen ejercitando frente a la Casa de Gobierno en reclamo de diálogo, explicitando que la detención no era otra cosa que una medida extorsiva y que Milagro era un rehén político. Después el propio Morales sostuvo que, en realidad, la causa de la detención era el destino de 29 millones de pesos, pero ni siquiera por entonces había formulado denuncia alguna sobre el hecho. 

Ahora todos juegan al Gran Bonete, tratando de deslindar responsabilidades. Que el gobierno no tiene nada que ver, que son decisiones del Poder Judicial. Pero es el gobierno quien formula las denuncias contra Sala. Que la legislación jujeña es ajena, que se trata de un delito penal establecido por el código penal nacional (interpretación que Felix Croux calificó de “mamarracho dogmático”), pero eso no quita que se viene vulnerando, desde el primer momento, los derechos que asisten a un imputado que son establecidos por el código procesal local y la constitución jujeña (a ser indagado antes de las 24 hs. de su detención, a que se le siga el procedimiento en libertad, a estar detenido en instalaciones acordes con la dignidad humana, a tener acceso a diarios y libros, etc.). Que el Gobernador no tiene injerencia sobre el Poder Judicial, cuando en el ínterin Morales despliega su poder disciplinador de la justicia, elevando de urgencia de 5 a 9 los integrantes del Supremo Tribunal Provincia, incluyendo en el cuerpo a ilustres militantes del centenario partido sin que nadie tenga siquiera la oportunidad de opinar sobre su idoneidad intelectual o ética. 

La noticia de este mediodía fue que el propio Morales decidió “llamarse a silencio” sobre el tema, quizás la decisión responda a que ha tomado consciencia de que cualquier explicación que se intentara no hacía más que darle brillo y magnitud a la ignominia que se viene cometiendo, y que cualquier acusación que se vierta contra Milagro Sala para respaldar su detención, es inmediatamente cotejada con la suerte que corren ministros y allegados al poder sobre los que pesan similares o peores (en el caso de la instigación a la violencia y a ocupar espacios públicos, es larga la lista que incluye desde el Senador Alfredo de Angeli en 2008, hasta Felix Díaz hasta el 11/12/15; por supuesta apropiación de bienes del Estado: Sturzenegger, Prat Gay, Niembro, Majul, etc.) todos gozando de libertad, pero que en ningún caso se puede mostrar una extensa obra de inversión e inclusión social perfectamente verificable. Agitar que “dura lex sed lex” no hace más explicitar la profunda injusticia de la diversidad del trato dispensado una y otros. 

Parece ser que la sistemática estigmatización a la que viene sometiendo el gobernador a Milagro Sala es una cobija corta que no alcanza para cubrir las motivaciones de la persecución.

Esa estigmatización se concentra en ella por su peso propio, pero también en razón del acatamiento de los principios goebellsianosde la propaganda. En realidad el destinatario último es la organización Tupac Amaru, es un intento directo de desarticularla (por ahora mediante la seducción económica o la extorsión, sin descartar la violencia) como movimiento social capaz de traducir, en función de la unidad y la solidaridad, la ayuda social y los subsidios a las cooperativas de trabajo en una estructura comunitaria inclusiva que construye para sus asociados viviendas, cobertura sanitaria, talleres y empresas propias, escuelas de todos los niveles educativos, centros de recreación, etc., en una magnitud que, proporcionalmente al presupuesto invertido, no permite parangón con ningún ejemplo de gestión puramente estatal o estatal-empresarial. De eso, en realidad, se habla cuando desde el moralismo o desde la prensa hegemónica se arguye que la Tupac es un inaceptable “Estado dentro de otro Estado”. Paradojalmente, el sofisma es calcado del utilizado por el liberal Rey Carlos III para justificar la expulsión de los jesuitas en 1767, obligándolos a abandonar las Misiones, y así permitiendo la re-esclavización de los guaraníes por los terratenientes españoles y ser cazados a igual fin por los bandeirantes portugueses.

La organización popular es lo que queda para defender los derechos adquiridos durante los 12 años de Estado de Bienestar kirchnerista. La Tupac Amaru es la más compleja y completa de esas organizaciones, con brazos extendidos territorialmente, con una identidad cultural y militante arraigada, con una gestión socioeconómica exitosa, no es casual que sea signado como el primer objetivo a desarticular y que sobre ella (y en cabeza de su referente) se concentre toda artillería pseudo jurídica, institucional de gobierno y mediática.


4 comentarios:

Nando Bonatto dijo...

La UCR exhibe titulos de democracia y republicanismo otorgados por la Universidad LA CHANTADA

Daniela Godoy dijo...

Sin dudas, esto es un acto de disciplinamiento, no exento de misoginia, y de cinismo, al estilo antidemocrático de Cambiemos.

Hilda Mendoza dijo...

Creo que es positiva -para el País- la actuación de Morales ya que está presentando un flanco imposible de negar y deja en evidencia lo más puro del accionar de estos dirigentes.
Yo no me atrevo ni a ponerle la negación a democracia, porque para negar debe haber un punto de existencia. No es antidemocrático, simplemente es dictatorial, personalista, nada tiene que envidiar al imperio carolingio. Que siga actuando Morales, últimamente es nuestro único triunfo...

Iris van Kirsten dijo...

Creo que Gerardo Morales es más del estilo de Fernando VII, despotismo ignorante, nada de Ilustración.