lunes, 20 de mayo de 2013

Videla: coincidencias, omisiones y oportunismo.



Un símbolo, así coinciden en definirlo ambas tapas. No es falso que se haya convertido en un ícono de la dictadura. Pero tampoco es inocente que sea así: en la figura de los militares golpistas se encarnó toda la crueldad y la inhumanidad de la época, y durante años en ellos se centró, en exclusividad, la atención y el repudio.




Los mismos medios beneficiados económicamente con su indiscutible alineamiento, fueron los encargados de traicionar a sus benefactores. Se reciclaron en democracia en una suerte adalides de las libertades y el republicanismo, estigmatizadores de la violencia militar. Su efecto no fue otro que eludir la propia responsabilidad, apañando a los componentes cívico, corporativo y empresario de la Dictadura.

No es extraño, entonces, que en la galería de 25 fotos que nos ofrece la edición digital de Clarín, no estén incluidas algunas con imágenes reveladoras del verdadero sentido, como éstas:






Ni tampoco lo es que no se aluda al nombre del protagonista indiscutible de esta escena, descripta en términos absolutamente impersonales y atemporales (lo que sí resulta extraño que se hayan privado de responder al natural impulso de recortar la imagen):



El mismo que materializó la voluntad política que posibilitó que la muerte alcanzara a Videla en una celda de una cárcel común, juzgado con todas las garantías y condenado, ese que abrió las puertas del juzgamiento de la coautoría civil, de los verdaderos ideólogos del genocidio disciplinador. En la tapa de Clarín se remite a los comentarios de Gil Lavedra, Meijide, Balza, incluso a la autocrítica de Sigal, en cambio se omite cualquier mención a actores kirchneristas, como si el kirchnerismo nada hubiese aportado al juzgamiento, condena y esclarecimiento.






Por el contrario, el oportunismo opositor (a la vez que encubridor) intenta reforzar una trama de asociaciones entre el Dictador y quienes lo condenaron. Una trama que venía siendo maliciosamente tejida por las desmesuras de Aguinis, Morales Solá o Carrió, entre tantos otros, y en cuya confección, cualquier evento circunstancial forzaba una referencia (el 14/5, podíamos leer: “Silviu Purcarete: Aquí el caos es el mismo que en Rumania”. El director, que sufrió el régimen comunista de Ceaucescu, está en Buenos Aires…"  forzando una similitud cuando el rumano aludía al caos actual de Rumania y lo cotejaba con Buenos Aires. O el 16/5 cuando Eduardo Van Der Kooy -el mismo joven recibido y elogiado por Videla- Comparan la presión a la prensa argentina con Bielorrusia. Un especialista contó que el dictador Lukashenko llama a las empresas para que no publiciten en los medios”, induciendo respuestas de un supuesto especialista -Sasha Vucinic- (a quien Cristina "le suena" y de Moreno ni idea) que no es otra cosa que el manejador de créditos del banquero George Soros para el financiamiento de medios “independientes”. 



Lanata (cuando no) realiza su aporte en esta línea: “Las dictaduras de las mayorías o de las minorías no son tan distintas”. Una frase que rememora la teoría de los dos demonios y que retoma la línea de pensamiento esgrimida por Bartolomé Mitre en su entrevista brindada a Veja: “Vivimos en una dictadura de los votos”. Lanata se hermana, definitivamente, en el razonamiento con la exclusiva cofradía que vivaron el advenimiento de la dictadura, no porque el acontecimiento los haya sorprendido gratamente, sino porque formaron parte del ejército de arquitectos que diseñaron el edificio y habitaron sus suntuosas dependencias mientras las mayorías eran excluidas y perseguidas. 


No es inocente que nos hablen de símbolos, de figuras que sintetizan y simplifican realidades, que pueden ser manipuladas en su significado (Lanata, en este sentido, muestra las cartas, sostiene que murió el símbolo, pero quedan las prácticas autoritarias). Justo ahora cuando los mandatos de “Memoria, Verdad y Justicia” exigen superar lo icónico y adentrarnos en la investigación de la realidad, en la complejización de los análisis para atribuir las responsabilidades completas de la Dictadura, justo ahora cuando lo importante no es la muerte, sino la condena, y cuando lo que queda, la herencia, son compañeros que siguen desaparecidos o sin reencontrar su identidad, las empresas apropiadas y socios enriquecidos y empoderados que siguen disfrutando de impunidad. 




1 comentario:

Eduardo dijo...

Pero La Nueva Provincia avanzó un par de casillas más.. tituló "A los 87 años dejó de existir el expresidente Videla"... y en el mismo diario, refiríendose al pedido de juicio a Vicente Massot, dice:
"Para perseguir a La Nueva Provincia no hay otra forma que escribiendo una historia distinta a la real"..
¿quienes son entonces, los que escriben otra historia..?