jueves, 25 de octubre de 2012

Oscar Aguad y el gorilismo ancestral.




“Hay una gravísima sospecha de que gran parte de los candidatos son oficialistas”  es la justificación que esgrime Oscar Aguad para intentar justificar su actitud  obstruccionista de la labor del Consejo de la Magistratura. 



Un verdadero mamarracho, una afrenta cerril a la democracia. Resulta que por ser oficialista, según el Milico, no se puede ser juez. Parece ser que en su inconsciente quedó instalada una rémora perpetua  del viejo Decreto Ley 4161/56, esa pieza del museo de la intolerancia, la estigmatización y la discriminación, vigente durante casi 4 décadas, que nos legara la Revolución Fusiladora. 

Una frase que parece el corolario de otras célebres de su cosecha personal "acá se está votando si hay libertad de expresión o no en la Argentina" y ““el kirchnerismo quiere terminar con la libertad de expresión en el país”.

Indudablemente, si algo goza de buena salud en este país es la libertad de expresión, derecho que permite que cualquier mercader de las palabras, procesado por malversación de fondos, amigo íntimo de íconos de la dictadura, pueda pasearse impúdicamente por los medios de comunicación vomitando falacias sin sustento, sin que sea sometido siquiera a la necesidad de fundamentarlas.

Ha dicho en ese nido de dinosaurios llamado Hora Clave: “hoy ví un terrible tape en el canal oficial de Alfonsín quejándose en la tribuna política contra Clarín, ésta es una manipulación de la información, Alfonsín no quiso quedarse con Clarín, no quiso que desapareciera Clarín, no le gustaba pero aceptaba la crítica, la libertad de expresión se da cuando la prensa no es oficialista, el Gobierno se quiere quedar con nuestras pautas de convivencia, con nuestros valores, con nuestro estilo de vida”. El temerario sofista había afirmado en un reportaje (notero de 678) que la libertad de expresión era patrimonio de todos, menos del gobierno… no es un derecho que alcance a aquellos que comulgamos con quien las mayorías decidieron gobierne. Ahora aclara que se refería a ESTE gobierno, parece que en cambio Alfonsín sí tenía derecho a expresarse libremente en cadena nacional, para algo en esa época el Estado era propietario no sólo de canal 7, sino también del 13, del 11 y del 9 ¿para qué querría Alfonsín también ser dueño del diario Clarín?

Calma, hipócrita radical, el kirchnerismo no quiere quedarse con Clarín ¿quién querría quedarse con ese negocio en decadencia y tan poco rentable? ¿Quién podría levantar ese muerto que subsiste por vender su línea editorial al mejor postor y por tener una cadena de 250 replicantes que se desbaratará el 7D?

Tampoco quiere que Clarín desaparezca, ninguna iniciativa se ha adoptado en ese sentido. Apenas si quiere quede claro que de ese cubículo de lobistas sólo se pergeñan patrañas y se solventa la existencia de carussolombardis de la política, como el mismo saltimbanqui de Aguad.



3 comentarios:

Hilda Mendoza dijo...

En nombre de la falta de libertad de expresión se dice de TODO, pero no en otro lado, no. AQUÍ.

Muy bueno!!

Moscón dijo...

En ese tiempo Alfonsín la tenía corta,y clorín mucho mas larga ya entre sus nalgas y empujándolo.
Yo me acuerdo.

Pibe Peronista dijo...

Cómo lo odio a ese sorete, casi al nivel del pelafustan fernando iglesias!