lunes, 15 de abril de 2013

Fábula política venezolana




Un cazador se interna en el bosque para capturar a una criatura única que se decía asolaba la región: el fabuloso oso rojo. Luego de varios días de caminar, logra divisar la figura de la bestia, apunta y dispara. Percibe a la distancia que el oso rojo cae. Se acerca al lugar sin hallar el cadáver, pero, para su sorpresa, aparece desde atrás y lo sodomiza salvajemente.






El infeliz suceso no hace perder el objetivo al cazador. Un año más tarde regresa, mejor pertrechado y con ánimo de venganza. Al encontrarse los protagonistas de la historia, los hechos se repiten hasta el mínimo detalle.


Herido en su orgullo y henchido de odio, retorna el año entrante a la cabeza de un espectacular zafari. A pesar del impar despliegue de medios y personal, la empresa fracasa nuevamente, sufriendo el cazador una doble humillación: la del fracaso y la de ser vejado enconadamente por el plantígrado.


Año a año se repite la escena, solo se modifica el entorno: cada intento es rodeado de una mayor campaña de desprestigio al oso y cada vez es mayor el operativo montado alrededor de la aventura signada por la inutilidad del ataque y la dolorosa dureza de la réplica.


Tras más de una docena de intentos fallidos, corrió el rumor de la muerte invicta del oso rojo. El cazador vuelve al sitio donde tantas veces había sufrido el dolor de los encuentros anteriores, munido de un arsenal desmesurado, por si acaso. Perplejo se encontró con que el lugar estaba ocupado por una multitud de ositos rojos esperándolo. Descargó contra ellos todo su arsenal y, convencido de la definitiva extinción de la raza, se arrimó feliz al centro de la escena. En medio de la marabunta, se dice que las últimas palabras que escuchó fueron ¿será que viene a cazar o tanto le gusta que le den matraca?


Fábula política venezolana (variante de cuento verde), con moraleja: 

“Si tanto recibes la matraca

con la que te surte el oso,

más que perdedor digno

te creerán un gran goloso.”