sábado, 20 de abril de 2013

Y el Capriles vernáculo no aparece…




Frente a semejante manada de caceroleros cimarrones, ningún gaucho se animó a iniciar la yerra. Previsible, por más que montaran un palco frente a la Catedral para tentar a algún osado que se atreviera a lanzar al menos un ditirambo  que endulce los oídos de los movilizados. Los postulantes a la caprilesía esquivaron el convite temerosos de que cualquier palabra, cualquier idea, en vez de sumar agua a su molino, produjera una estampida disconforme. A pesar de la insinuación clarinera, ni siquiera hubo Tatos ni Novoas que animaran la velada aprovechando estar aparaguados por la legitimadora fiebre papal y el clamor por justicia independiente que, extrañamente, se hizo leitmotiv más de dos meses después de lanzada la convocatoria al berrinche catártico. 



Justo por la ausencia clerical, es que resulta un poco forzado trazar un paralelismo entre aquel Corpus Christi del ’55 y el reciente cacerolazo. En aquel momento agnósticos socialistas, laicos radicales y ateos comunistas, se sumaron al formato de la plegaria al sino divino. Ayer, Macri, Pando, por ejemplo, olvidaron sus permanentes quejas sobre las persecuciones que dicen sufrir de la Justicia K, y la señora gorda paranoizada que fue al 8-N a quejarse porque los jueces permiten que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra, se unieron para reivindicar la intangibilidad de una supuesta justicia impoluta. En ambos momentos se avanzó sobre el Congreso de manera poco respetuosa a las instituciones republicanas que dicen defender, demostrándose tan poco amigables con la libre expresión en el ’55, cuando se apedreó los frentes de los diarios oficialistas a la pasada, como anoche cuando reemplazó la escena por agresiones a movileros de Canal 7, C5N y Telam.

Tampoco asoma en el horizonte ningún avión hostil dispuesto a acribillar civiles, para luego echar la culpa del crimen al “tirano prófugo” (tal como nos lo recordara Binner, “siempre estos populismos son los culpables de las muertes”). Y sin curas ni uniformados, cualquier expectativa de éxito destituyente se complica. La facilonga salida golpista ensayada durante medio siglo, atrofió la creatividad política de muchos que, aunque pueden seguir haciendo alarde de su capacidad de producir hechos desestabilizadores,  a la hora de intentar abrochar la jugada terminan clavándose el helado en la frente. Es que la moderna teoría del “Golpe Blando” exige al menos una apariencia institucional, muy distante del legado mitrosarmientino del garrote  civilizador.

Si bien la manipulación mediática empuja la interpretación los hechos a la asimilación con la experiencia venezolana (“Primero Justicia” se llama el partido de Capriles, “sin justicia no hay futuro” fue la frases convocantes del 18-A), el propio relato se entrampa en la impotencia porque lo urgente impide el desarrollo de un diseño estratégico: cuando en Venezuela estalla la crisis definitiva del modelo neoliberal, se lleva puesta hacia el descrédito a la partidocracia acuerdista dominante. Solo sobre sus cenizas pudo construirse la alternativa antipolítica y cualunquista del caprilismo. Cuando acá estalló´ la crisis del 2001, las urgencias de las corporaciones endeudadas en dólares frente a la inevitable salida de la convertibilidad, les hizo ayudar a salvar del naufragio al duhaldismo y al radicalismo, respetando una institucionalidad (menguada) y preservando a los gobernadores provinciales, la partidocracia tradicional (incluyendo al socialismo) respiró aliviada. La alternativa cualunquista antipolítica  personificado en Macri (de “ideología difusa” según la vicejefa), aparece después como reedición de un discurso afín a los intereses monopólicos, pero no desplaza a nadie. Nuevamente la preservación de los intereses dominantes frente a las transformaciones kirchneristas (¡vienen por todo!), y atento a la composición del Congreso y del desarrollo territorial, no les permite el lujo de despreciar a las fuerzas politizadas para abrir paso al sueño amarillo de una argentina atendida por sus propios dueños (sin intermediarios vergonzantes como para ellos  lo fuera el PJ colonizado por el menemismo).

La “Gran Promesa Blanca” sigue siendo una quimera huidiza, que se pierde entre una multitud de aspirantes con diferencias insalvables en todos los campos, excepto en el empecinamiento oposicionista a todo lo que desde La Rosada provenga, y el servilismo acrítico a todo lo que desde el laboratorio claringuista se elucubre.  

Anoche algunos de los voceros más conspicuos de Magneto (los que pasan más seguido bajo su horca caudina) ensayaban como respuesta al “reclamo de la gente” (y como modo de eludir por dos años la sensible cuestión del liderazgo), la “electoralización del grupoAísmo”, algo así como una versión mejorada de aquella aspiración de contener  “al que quiere a Videla y al que no lo quiere” que tan magros resultados le deparara a Duhalde, pero bastante más ambiciosa (por la composición antipolítica y variopinta del sujeto social al que va dirigida) que la argumentación con que Chacho Alvarez logró  alinear en el ’97 al FrePaSo tras la Alianza: ganar la legislativa para sacar al menemismo del poder en la presidencial. Como así nos fue (cambiamos a Eduardo por Fernando para que el programa neoliberal quede intacto) ya sabemos quien gana en el rejunte.

Con todo, el ganado cacerolero seguirá haciendo esporádicas apariciones en la calle, apenas orientado por el cencerro de esa vaca madrina en la que se constituye Lanata, pero, por reacio a treparse a cualquier camión jaula, políticamente orejano.  


Se apodan “lagente”, “el pueblo”, “los vecinos”, intentan vendernos un todo cuando solo son “un cierto sector de la sociedad” como se animara a definirlos Nito Artaza (que, para mi sorpresa, apareció el mismo 18-A como  rara avis opositora con un discurso divorciado de la demagogia oportunista). Claro que sobrevalorados a partir de la prédica mediática que, empecinados en polarizar, en vez de marcarle sus defectos, los engolosina con una prédica lombrosiana (impunidad mediante) que los distancia tajantemente de toda práctica colectiva, organizada y finalística que les permita saltar dialécticamente del yo al nosotros. 


3 comentarios:

Hilda Mendoza dijo...

"Es natural que protesten, es bueno que lo hagan, porque si no lo hicieran sería señal que estamos haciendo algo mal" Evita
¿A quién le puede parecer que el país que yo quiero, es el que quieren los que digitan la justicia, los que nos amordazaron, los que nos vendieron hasta el aire?
Si ellos protestan...

Daniel dijo...

Es absolutamente imposible la aparición de un Capriles de las pampas. De ahí es que esta gente manda en manada a sus periodistas a querer convencernos de cualquier proeza propia, de la que carecen a límites insoportables para sus incontenidos anhelos.

Acabo leer los dos capítulos que escribieras sobre dólar blue y me resulta esa exposición que hiciste, de cabecera para toda discusión alrededor del tema. Sencillamente brillante.

ram dijo...

Que aparezca un capriles, les va a ser dificultoso porque tal cosa requiere algo en lo que vienen vírgenes invictas, la-bu-rar.
No hay, en el almácigo opa/opo, nadie que se destaque por el esfuerzo político, neuronal y/o propositivo; apenas les da para ofrecerse a los medios y, la verdad, ni la estética los salva, son fuleros a más no poder y la cara de pelotudo/a es camino solamente de ida.